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domingo, 15 de enero de 2017

ESTAMPA CON ORACIÓN A SAN FRANCISCO DE SALES

IMÁGENES DE SAN FRANCISCO DE SALES








NOVENA EN HONOR A SAN FRANCISCO DE SALES, DEL 15 AL 23 DE ENERO


Primer Día de la Novena a San Francisco de Sales

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestro enemigos, líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Oración preparatoria

Corazón amabilísimo de Jesús, que por la abundancia de tu benignísima misericordia, y para manifestación más sensible del inmenso amor, con que miras a los corazones humanos, deseando dilatar el Reino de tu amor, y penetrar a todos de las más vivas llamas de aquel fuego divino, que viniste a encender en el mundo, enviaste a él en estos últimos siglos, en que lastimosamente se ve enferma la devoción de muchos, al dulcísimo San Francisco de Sales, nuevo Vaso de elección, en cuyo pecho depositaste con tanta largueza los tesoros de tu luz y amor, previniéndolo con tan copiosas bendiciones de dulzura, para que hecho todo para todos, mostrase a toda suerte de gentes el camino llano y seguro de la perfecta virtud cristiana: concédenos, Deifico Corazón, que embriagados con la dulzura de tu amor, protegidos de los altos méritos de este tu escogido Siervo, é instruidos con sus celestiales avisos, conozcamos la vanidad de cuanto el mundo estima para despreciarla; la fealdad del pecado, para aborrecerla; la preciosidad de tu gracia, para conservarla a toda costa; la grandeza y verdadera hermosura de tu ser divino, para amaros con todas las facultades de nuestras almas, y la suavidad apetecible del yugo de tu divina Ley, para que rindamos gustosos nuestra cerviz á tan dichosa servidumbre, y abracemos con todo el conato de nuestro corazón la ligera carga de tus Mandamientos, todos amor, dulzura y verdadera libertad. Compadeceos poderosísimo Corazón de tantas almas, que deslumbradas con los errados dictámenes del ciego y vano mundo, atraídas de los venenosos silbos de la antigua serpiente, y presas en los dorados lazos de los fugitivos placeres de los sentidos, incautamente duermen en una falsa seguridad con lastimoso peligro de su salvación.

Mirad, Corazón clementísimo, que por ellas padeciste congojas y agonías en el Huerto, y terribles desamparos en la Cruz, y que su amor os obligó a que quedaras Sacramentado, haciéndonos compañía hasta el fin del mundo: no se frustren, Señor, tan preciosos trabajos y tan amorosos excesos. Atended también á los fervorosos esmeros con que os sirvieron y desearon los desagravios más cumplidos de vuestro sagrado honor los purísimos corazones de Manía Y José, y por la complacencia que tuviste en los méritos suyos, olvidad los deméritos nuestros. Mirad juntamente el amor tan fino con que siempre buscó únicamente tu mayor gloria el seráfico corazón de San Francisco de Sales: acordaos, Señor, de él, y de toda su mansedumbre, y dulzura de caridad, con que llorando las ofensas vuestras, se deshacía por ganaros almas, y dilatar el Reino sacrosanto de tu amor: Venga, pues, a nosotros ese tu Reino, y sea arrojado fuera de las almas el Príncipe de las tinieblas, que las tiraniza, alúmbrelas siempre tu luz, apodérese de todos los corazones tu amor, anímelos tu gracia, para que eternamente cantemos tus misericordias en la gloria. Amen.

Primer día:

Glorioso San Francisco de Sales, luz de las almas, que para conducirlas a Dios su único centro: querías ante todas cosas arraigar en los corazones la unidad y simplicidad de amor, impidiendo que el alma tuviera otra mira en todo fuera de Dios , ya que en la vida eterna descansa tan cumplidamente tu corazón en el sumo bien, que siempre fue el único Norte de tus ansias: alcánzanos del corazón de Jesús esta unidad y pureza de amor, y la gracia especial que deseamos, si ha de conducir a la mayor gloria del Señor. Amén.

Ahora pide cada uno al Santo, la merced o gracia que necesita.

Antífona:

Sacerdos, Pontifex et virtutum Opifex, Pastor bone in Populo , ora pro nobis, Dominum.
V. Amavit eum Dominus et ornavit eum.
R. Stolam gloriae induit eum.

 Oración Final:

Oh Dios, que quisiste que el bienaventurado Francisco, tu confesor y pontífice, se hiciera todo para todos por la salvación de las almas; concédenos propicio, que llenos de la dulzura de la caridad, dirigidos por las enseñanzas y protegidos por los méritos de este Santo, consigamos los gozos eternos. Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, Dios por los siglos de los siglos.

Amén



Segundo Día de la Novena a San Francisco de Sales

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestro enemigos, líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Oración preparatoria

Corazón amabilísimo de Jesús, que por la abundancia de tu benignísima misericordia, y para manifestación más sensible del inmenso amor, con que miras a los corazones humanos, deseando dilatar el Reino de tu amor, y penetrar a todos de las más vivas llamas de aquel fuego divino, que viniste a encender en el mundo, enviaste a él en estos últimos siglos, en que lastimosamente se ve enferma la devoción de muchos, al dulcísimo San Francisco de Sales, nuevo Vaso de elección, en cuyo pecho depositaste con tanta largueza los tesoros de tu luz y amor, previniéndolo con tan copiosas bendiciones de dulzura, para que hecho todo para todos, mostrase a toda suerte de gentes el camino llano y seguro de la perfecta virtud cristiana: concédenos, Deifico Corazón, que embriagados con la dulzura de tu amor, protegidos de los altos méritos de este tu escogido Siervo, é instruidos con sus celestiales avisos, conozcamos la vanidad de cuanto el mundo estima para despreciarla; la fealdad del pecado, para aborrecerla; la preciosidad de tu gracia, para conservarla a toda costa; la grandeza y verdadera hermosura de tu ser divino, para amaros con todas las facultades de nuestras almas, y la suavidad apetecible del yugo de tu divina Ley, para que rindamos gustosos nuestra cerviz á tan dichosa servidumbre, y abracemos con todo el conato de nuestro corazón la ligera carga de tus Mandamientos, todos amor, dulzura y verdadera libertad. Compadeceos poderosísimo Corazón de tantas almas, que deslumbradas con los errados dictámenes del ciego y vano mundo, atraídas de los venenosos silbos de la antigua serpiente, y presas en los dorados lazos de los fugitivos placeres de los sentidos, incautamente duermen en una falsa seguridad con lastimoso peligro de su salvación.

Mirad, Corazón clementísimo, que por ellas padeciste congojas y agonías en el Huerto, y terribles desamparos en la Cruz, y que su amor os obligó a que quedaras Sacramentado, haciéndonos compañía hasta el fin del mundo: no se frustren, Señor, tan preciosos trabajos y tan amorosos excesos. Atended también á los fervorosos esmeros con que os sirvieron y desearon los desagravios más cumplidos de vuestro sagrado honor los purísimos corazones de Manía Y José, y por la complacencia que tuviste en los méritos suyos, olvidad los deméritos nuestros. Mirad juntamente el amor tan fino con que siempre buscó únicamente tu mayor gloria el seráfico corazón de San Francisco de Sales: acordaos, Señor, de él, y de toda su mansedumbre, y dulzura de caridad, con que llorando las ofensas vuestras, se deshacía por ganaros almas, y dilatar el Reino sacrosanto de tu amor: Venga, pues, a nosotros ese tu Reino, y sea arrojado fuera de las almas el Príncipe de las tinieblas, que las tiraniza, alúmbrelas siempre tu luz, apodérese de todos los corazones tu amor, anímelos tu gracia, para que eternamente cantemos tus misericordias en la gloria. Amen.

Segundo día:

Glorioso san Francisco de Sales, Maestro enviado del cielo para suavizar el camino de la perfección cristiana; pues para que las almas con alas de paloma, como deseaba David, volaran á descansar unidas con el sumo bien, las imponías en la santa libertad de espíritu, deshaciéndolas de todas las cosas, personas, empleos y lugares, por seguir únicamente la voluntad de Dios conocida: alcánzanos del Corazón de Jesús esta santa indiferencia que trae la verdadera paz al alma, y la gracia particular que deseamos. Amén.

Ahora pide cada uno al Santo, la merced o gracia que necesita.

Antífona:

Sacerdos, Pontifex et virtutum Opifex, Pastor bone in Populo , ora pro nobis, Dominum.
V. Amavit eum Dominus et ornavit eum.
R. Stolam gloriae induit eum.

 Oración Final:

Oh Dios, que quisiste que el bienaventurado Francisco, tu confesor y pontífice, se hiciera todo para todos por la salvación de las almas; concédenos propicio, que llenos de la dulzura de la caridad, dirigidos por las enseñanzas y protegidos por los méritos de este Santo, consigamos los gozos eternos. Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, Dios por los siglos de los siglos.

Amén



Tercer Día de la Novena a San Francisco de Sales



Por la señal de la Santa Cruz, de nuestro enemigos, líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Oración preparatoria

Corazón amabilísimo de Jesús, que por la abundancia de tu benignísima misericordia, y para manifestación más sensible del inmenso amor, con que miras a los corazones humanos, deseando dilatar el Reino de tu amor, y penetrar a todos de las más vivas llamas de aquel fuego divino, que viniste a encender en el mundo, enviaste a él en estos últimos siglos, en que lastimosamente se ve enferma la devoción de muchos, al dulcísimo San Francisco de Sales, nuevo Vaso de elección, en cuyo pecho depositaste con tanta largueza los tesoros de tu luz y amor, previniéndolo con tan copiosas bendiciones de dulzura, para que hecho todo para todos, mostrase a toda suerte de gentes el camino llano y seguro de la perfecta virtud cristiana: concédenos, Deifico Corazón, que embriagados con la dulzura de tu amor, protegidos de los altos méritos de este tu escogido Siervo, é instruidos con sus celestiales avisos, conozcamos la vanidad de cuanto el mundo estima para despreciarla; la fealdad del pecado, para aborrecerla; la preciosidad de tu gracia, para conservarla a toda costa; la grandeza y verdadera hermosura de tu ser divino, para amaros con todas las facultades de nuestras almas, y la suavidad apetecible del yugo de tu divina Ley, para que rindamos gustosos nuestra cerviz á tan dichosa servidumbre, y abracemos con todo el conato de nuestro corazón la ligera carga de tus Mandamientos, todos amor, dulzura y verdadera libertad. Compadeceos poderosísimo Corazón de tantas almas, que deslumbradas con los errados dictámenes del ciego y vano mundo, atraídas de los venenosos silbos de la antigua serpiente, y presas en los dorados lazos de los fugitivos placeres de los sentidos, incautamente duermen en una falsa seguridad con lastimoso peligro de su salvación.

Mirad, Corazón clementísimo, que por ellas padeciste congojas y agonías en el Huerto, y terribles desamparos en la Cruz, y que su amor os obligó a que quedaras Sacramentado, haciéndonos compañía hasta el fin del mundo: no se frustren, Señor, tan preciosos trabajos y tan amorosos excesos. Atended también á los fervorosos esmeros con que os sirvieron y desearon los desagravios más cumplidos de vuestro sagrado honor los purísimos corazones de Manía Y José, y por la complacencia que tuviste en los méritos suyos, olvidad los deméritos nuestros. Mirad juntamente el amor tan fino con que siempre buscó únicamente tu mayor gloria el seráfico corazón de San Francisco de Sales: acordaos, Señor, de él, y de toda su mansedumbre, y dulzura de caridad, con que llorando las ofensas vuestras, se deshacía por ganaros almas, y dilatar el Reino sacrosanto de tu amor: Venga, pues, a nosotros ese tu Reino, y sea arrojado fuera de las almas el Príncipe de las tinieblas, que las tiraniza, alúmbrelas siempre tu luz, apodérese de todos los corazones tu amor, anímelos tu gracia, para que eternamente cantemos tus misericordias en la gloria. Amen.

Tercer día:

Dulcísimo san Francisco de Sales, que mirabas a todos los prójimos dentro del costado del Salvador para deshacerte (como tú mismo dijiste) en dulzura de caridad con ellos, y explicaste el incendio de tu corazón, diciendo: Me parece que no hay en el mundo quien ame a los pecadores tiernamente sino Jesucristo y yo: alcánzanos del mismo Corazón de Jesús, de donde tú la participaste, esta dulzura de caridad con el prójimo, para que amándole como a nosotros mismos , seamos solamente un corazón y un alma donde perfectamente reine Dios por amor y gracia, y añadid si conviene, la gracia particular que deseamos. Amén.

Ahora pide cada uno al Santo, la merced o gracia que necesita.

Antífona:

Sacerdos, Pontifex et virtutum Opifex, Pastor bone in Populo , ora pro nobis, Dominum.
V. Amavit eum Dominus et ornavit eum.
R. Stolam gloriae induit eum.

 Oración Final:

Oh Dios, que quisiste que el bienaventurado Francisco, tu confesor y pontífice, se hiciera todo para todos por la salvación de las almas; concédenos propicio, que llenos de la dulzura de la caridad, dirigidos por las enseñanzas y protegidos por los méritos de este Santo, consigamos los gozos eternos. Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, Dios por los siglos de los siglos.

Amén



Cuarto Día de la Novena a San Francisco de Sales

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestro enemigos, líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Oración preparatoria

Corazón amabilísimo de Jesús, que por la abundancia de tu benignísima misericordia, y para manifestación más sensible del inmenso amor, con que miras a los corazones humanos, deseando dilatar el Reino de tu amor, y penetrar a todos de las más vivas llamas de aquel fuego divino, que viniste a encender en el mundo, enviaste a él en estos últimos siglos, en que lastimosamente se ve enferma la devoción de muchos, al dulcísimo San Francisco de Sales, nuevo Vaso de elección, en cuyo pecho depositaste con tanta largueza los tesoros de tu luz y amor, previniéndolo con tan copiosas bendiciones de dulzura, para que hecho todo para todos, mostrase a toda suerte de gentes el camino llano y seguro de la perfecta virtud cristiana: concédenos, Deifico Corazón, que embriagados con la dulzura de tu amor, protegidos de los altos méritos de este tu escogido Siervo, é instruidos con sus celestiales avisos, conozcamos la vanidad de cuanto el mundo estima para despreciarla; la fealdad del pecado, para aborrecerla; la preciosidad de tu gracia, para conservarla a toda costa; la grandeza y verdadera hermosura de tu ser divino, para amaros con todas las facultades de nuestras almas, y la suavidad apetecible del yugo de tu divina Ley, para que rindamos gustosos nuestra cerviz á tan dichosa servidumbre, y abracemos con todo el conato de nuestro corazón la ligera carga de tus Mandamientos, todos amor, dulzura y verdadera libertad. Compadeceos poderosísimo Corazón de tantas almas, que deslumbradas con los errados dictámenes del ciego y vano mundo, atraídas de los venenosos silbos de la antigua serpiente, y presas en los dorados lazos de los fugitivos placeres de los sentidos, incautamente duermen en una falsa seguridad con lastimoso peligro de su salvación.

Mirad, Corazón clementísimo, que por ellas padeciste congojas y agonías en el Huerto, y terribles desamparos en la Cruz, y que su amor os obligó a que quedaras Sacramentado, haciéndonos compañía hasta el fin del mundo: no se frustren, Señor, tan preciosos trabajos y tan amorosos excesos. Atended también á los fervorosos esmeros con que os sirvieron y desearon los desagravios más cumplidos de vuestro sagrado honor los purísimos corazones de Manía Y José, y por la complacencia que tuviste en los méritos suyos, olvidad los deméritos nuestros. Mirad juntamente el amor tan fino con que siempre buscó únicamente tu mayor gloria el seráfico corazón de San Francisco de Sales: acordaos, Señor, de él, y de toda su mansedumbre, y dulzura de caridad, con que llorando las ofensas vuestras, se deshacía por ganaros almas, y dilatar el Reino sacrosanto de tu amor: Venga, pues, a nosotros ese tu Reino, y sea arrojado fuera de las almas el Príncipe de las tinieblas, que las tiraniza, alúmbrelas siempre tu luz, apodérese de todos los corazones tu amor, anímelos tu gracia, para que eternamente cantemos tus misericordias en la gloria. Amen.

Cuarto día:

Seráfico san Francisco de Sales, Varón de deseos, que como encendidas saetas, enviabas continuamente al cielo hasta penetrar el corazón del Verbo, suspirando por su amor divino, y exhortando a todos a desear esta preciosa joya, decías: Que solo el amor de Dios goza la excelencia de comenzarse a poseer luego que se empieza a desear; alcánzanos del Corazón de Jesús una centella de sagrado fuego, con que inflamado el nuestro, se exhale en vivos deseos de su divino amor, y también la gracia que deseamos si conviene para su gloria. Amén.

Ahora pide cada uno al Santo, la merced o gracia que necesita.

Antífona:

Sacerdos, Pontifex et virtutum Opifex, Pastor bone in Populo , ora pro nobis, Dominum.
V. Amavit eum Dominus et ornavit eum.
R. Stolam gloriae induit eum.

 Oración Final:

Oh Dios, que quisiste que el bienaventurado Francisco, tu confesor y pontífice, se hiciera todo para todos por la salvación de las almas; concédenos propicio, que llenos de la dulzura de la caridad, dirigidos por las enseñanzas y protegidos por los méritos de este Santo, consigamos los gozos eternos. Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, Dios por los siglos de los siglos.

Amén



Quinto Día de la Novena a San Francisco de Sales


Por la señal de la Santa Cruz, de nuestro enemigos, líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Oración preparatoria

Corazón amabilísimo de Jesús, que por la abundancia de tu benignísima misericordia, y para manifestación más sensible del inmenso amor, con que miras a los corazones humanos, deseando dilatar el Reino de tu amor, y penetrar a todos de las más vivas llamas de aquel fuego divino, que viniste a encender en el mundo, enviaste a él en estos últimos siglos, en que lastimosamente se ve enferma la devoción de muchos, al dulcísimo San Francisco de Sales, nuevo Vaso de elección, en cuyo pecho depositaste con tanta largueza los tesoros de tu luz y amor, previniéndolo con tan copiosas bendiciones de dulzura, para que hecho todo para todos, mostrase a toda suerte de gentes el camino llano y seguro de la perfecta virtud cristiana: concédenos, Deifico Corazón, que embriagados con la dulzura de tu amor, protegidos de los altos méritos de este tu escogido Siervo, é instruidos con sus celestiales avisos, conozcamos la vanidad de cuanto el mundo estima para despreciarla; la fealdad del pecado, para aborrecerla; la preciosidad de tu gracia, para conservarla a toda costa; la grandeza y verdadera hermosura de tu ser divino, para amaros con todas las facultades de nuestras almas, y la suavidad apetecible del yugo de tu divina Ley, para que rindamos gustosos nuestra cerviz á tan dichosa servidumbre, y abracemos con todo el conato de nuestro corazón la ligera carga de tus Mandamientos, todos amor, dulzura y verdadera libertad. Compadeceos poderosísimo Corazón de tantas almas, que deslumbradas con los errados dictámenes del ciego y vano mundo, atraídas de los venenosos silbos de la antigua serpiente, y presas en los dorados lazos de los fugitivos placeres de los sentidos, incautamente duermen en una falsa seguridad con lastimoso peligro de su salvación.

Mirad, Corazón clementísimo, que por ellas padeciste congojas y agonías en el Huerto, y terribles desamparos en la Cruz, y que su amor os obligó a que quedaras Sacramentado, haciéndonos compañía hasta el fin del mundo: no se frustren, Señor, tan preciosos trabajos y tan amorosos excesos. Atended también á los fervorosos esmeros con que os sirvieron y desearon los desagravios más cumplidos de vuestro sagrado honor los purísimos corazones de Manía Y José, y por la complacencia que tuviste en los méritos suyos, olvidad los deméritos nuestros. Mirad juntamente el amor tan fino con que siempre buscó únicamente tu mayor gloria el seráfico corazón de San Francisco de Sales: acordaos, Señor, de él, y de toda su mansedumbre, y dulzura de caridad, con que llorando las ofensas vuestras, se deshacía por ganaros almas, y dilatar el Reino sacrosanto de tu amor: Venga, pues, a nosotros ese tu Reino, y sea arrojado fuera de las almas el Príncipe de las tinieblas, que las tiraniza, alúmbrelas siempre tu luz, apodérese de todos los corazones tu amor, anímelos tu gracia, para que eternamente cantemos tus misericordias en la gloria. Amen.

Quinto día:

Amantísimo san Francisco de Sales, que para lograr felizmente anegarte en el sagrado abismo del amor divino, tan deseado de tu corazón, procuraste con heroico empeño cortar todos los demás deseos, nada amando sino a Dios, por Dios y en Dios, renunciando en la preparación del ánimo todos los objetos criados, por lo cual frecuentemente decías: Nada desear, nada rehusar: alcánzanos del corazón de Jesús, que nada amemos sino con su mismo amor, ni deseemos continuamente otra cosa que vivir y morir como finos amantes de su incomprensible bondad, y la gracia que pretendemos si conviene para su honor. Amén.

Ahora pide cada uno al Santo, la merced o gracia que necesita.

Antífona:

Sacerdos, Pontifex et virtutum Opifex, Pastor bone in Populo , ora pro nobis, Dominum.
V. Amavit eum Dominus et ornavit eum.
R. Stolam gloriae induit eum.

 Oración Final:

Oh Dios, que quisiste que el bienaventurado Francisco, tu confesor y pontífice, se hiciera todo para todos por la salvación de las almas; concédenos propicio, que llenos de la dulzura de la caridad, dirigidos por las enseñanzas y protegidos por los méritos de este Santo, consigamos los gozos eternos. Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, Dios por los siglos de los siglos.

Amén



Sexto Día de la Novena a San Francisco de Sales

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestro enemigos, líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Oración preparatoria

Corazón amabilísimo de Jesús, que por la abundancia de tu benignísima misericordia, y para manifestación más sensible del inmenso amor, con que miras a los corazones humanos, deseando dilatar el Reino de tu amor, y penetrar a todos de las más vivas llamas de aquel fuego divino, que viniste a encender en el mundo, enviaste a él en estos últimos siglos, en que lastimosamente se ve enferma la devoción de muchos, al dulcísimo San Francisco de Sales, nuevo Vaso de elección, en cuyo pecho depositaste con tanta largueza los tesoros de tu luz y amor, previniéndolo con tan copiosas bendiciones de dulzura, para que hecho todo para todos, mostrase a toda suerte de gentes el camino llano y seguro de la perfecta virtud cristiana: concédenos, Deifico Corazón, que embriagados con la dulzura de tu amor, protegidos de los altos méritos de este tu escogido Siervo, é instruidos con sus celestiales avisos, conozcamos la vanidad de cuanto el mundo estima para despreciarla; la fealdad del pecado, para aborrecerla; la preciosidad de tu gracia, para conservarla a toda costa; la grandeza y verdadera hermosura de tu ser divino, para amaros con todas las facultades de nuestras almas, y la suavidad apetecible del yugo de tu divina Ley, para que rindamos gustosos nuestra cerviz á tan dichosa servidumbre, y abracemos con todo el conato de nuestro corazón la ligera carga de tus Mandamientos, todos amor, dulzura y verdadera libertad. Compadeceos poderosísimo Corazón de tantas almas, que deslumbradas con los errados dictámenes del ciego y vano mundo, atraídas de los venenosos silbos de la antigua serpiente, y presas en los dorados lazos de los fugitivos placeres de los sentidos, incautamente duermen en una falsa seguridad con lastimoso peligro de su salvación.

Mirad, Corazón clementísimo, que por ellas padeciste congojas y agonías en el Huerto, y terribles desamparos en la Cruz, y que su amor os obligó a que quedaras Sacramentado, haciéndonos compañía hasta el fin del mundo: no se frustren, Señor, tan preciosos trabajos y tan amorosos excesos. Atended también á los fervorosos esmeros con que os sirvieron y desearon los desagravios más cumplidos de vuestro sagrado honor los purísimos corazones de Manía Y José, y por la complacencia que tuviste en los méritos suyos, olvidad los deméritos nuestros. Mirad juntamente el amor tan fino con que siempre buscó únicamente tu mayor gloria el seráfico corazón de San Francisco de Sales: acordaos, Señor, de él, y de toda su mansedumbre, y dulzura de caridad, con que llorando las ofensas vuestras, se deshacía por ganaros almas, y dilatar el Reino sacrosanto de tu amor: Venga, pues, a nosotros ese tu Reino, y sea arrojado fuera de las almas el Príncipe de las tinieblas, que las tiraniza, alúmbrelas siempre tu luz, apodérese de todos los corazones tu amor, anímelos tu gracia, para que eternamente cantemos tus misericordias en la gloria. Amen.

Sexto día:

Extático san Francisco de Sales, que para lograr el fin porque únicamente anhelaba tu corazón, que era aficionarte a Dios, hasta unirte estrechamente con su Majestad, vivías continuamente en oración, sabiendo que la ocupación interior y comercio con Dios es el medio más eficaz de aficionarse a un objeto tan atractivo y amable , que no puede ser conocido sin ser amado, ni tratado sin que robe poderosamente la voluntad: alcánzanos del corazón de Jesús el don de oración, para que gustando y viendo que suave es Dios, se vean nuestros corazones venturosamente prendados de su divina beldad, y si conviene para este fin la gracia que pretendemos. Amén.

Ahora pide cada uno al Santo, la merced o gracia que necesita.

Antífona:

Sacerdos, Pontifex et virtutum Opifex, Pastor bone in Populo , ora pro nobis, Dominum.
V. Amavit eum Dominus et ornavit eum.
R. Stolam gloriae induit eum.

 Oración Final:

Oh Dios, que quisiste que el bienaventurado Francisco, tu confesor y pontífice, se hiciera todo para todos por la salvación de las almas; concédenos propicio, que llenos de la dulzura de la caridad, dirigidos por las enseñanzas y protegidos por los méritos de este Santo, consigamos los gozos eternos. Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, Dios por los siglos de los siglos.

Amén



Séptimo Día de la Novena a San Francisco de Sales

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestro enemigos, líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Oración preparatoria

Corazón amabilísimo de Jesús, que por la abundancia de tu benignísima misericordia, y para manifestación más sensible del inmenso amor, con que miras a los corazones humanos, deseando dilatar el Reino de tu amor, y penetrar a todos de las más vivas llamas de aquel fuego divino, que viniste a encender en el mundo, enviaste a él en estos últimos siglos, en que lastimosamente se ve enferma la devoción de muchos, al dulcísimo San Francisco de Sales, nuevo Vaso de elección, en cuyo pecho depositaste con tanta largueza los tesoros de tu luz y amor, previniéndolo con tan copiosas bendiciones de dulzura, para que hecho todo para todos, mostrase a toda suerte de gentes el camino llano y seguro de la perfecta virtud cristiana: concédenos, Deifico Corazón, que embriagados con la dulzura de tu amor, protegidos de los altos méritos de este tu escogido Siervo, é instruidos con sus celestiales avisos, conozcamos la vanidad de cuanto el mundo estima para despreciarla; la fealdad del pecado, para aborrecerla; la preciosidad de tu gracia, para conservarla a toda costa; la grandeza y verdadera hermosura de tu ser divino, para amaros con todas las facultades de nuestras almas, y la suavidad apetecible del yugo de tu divina Ley, para que rindamos gustosos nuestra cerviz á tan dichosa servidumbre, y abracemos con todo el conato de nuestro corazón la ligera carga de tus Mandamientos, todos amor, dulzura y verdadera libertad. Compadeceos poderosísimo Corazón de tantas almas, que deslumbradas con los errados dictámenes del ciego y vano mundo, atraídas de los venenosos silbos de la antigua serpiente, y presas en los dorados lazos de los fugitivos placeres de los sentidos, incautamente duermen en una falsa seguridad con lastimoso peligro de su salvación.

Mirad, Corazón clementísimo, que por ellas padeciste congojas y agonías en el Huerto, y terribles desamparos en la Cruz, y que su amor os obligó a que quedaras Sacramentado, haciéndonos compañía hasta el fin del mundo: no se frustren, Señor, tan preciosos trabajos y tan amorosos excesos. Atended también á los fervorosos esmeros con que os sirvieron y desearon los desagravios más cumplidos de vuestro sagrado honor los purísimos corazones de Manía Y José, y por la complacencia que tuviste en los méritos suyos, olvidad los deméritos nuestros. Mirad juntamente el amor tan fino con que siempre buscó únicamente tu mayor gloria el seráfico corazón de San Francisco de Sales: acordaos, Señor, de él, y de toda su mansedumbre, y dulzura de caridad, con que llorando las ofensas vuestras, se deshacía por ganaros almas, y dilatar el Reino sacrosanto de tu amor: Venga, pues, a nosotros ese tu Reino, y sea arrojado fuera de las almas el Príncipe de las tinieblas, que las tiraniza, alúmbrelas siempre tu luz, apodérese de todos los corazones tu amor, anímelos tu gracia, para que eternamente cantemos tus misericordias en la gloria. Amen.

Séptimo día:

Rectísimo san Francisco de Sales, que deseando justamente dar a Dios lo que es de Dios, querías que todas las acciones, aun las más menudas, desde por la mañana hasta la noche sirvan de materia al amor sagrado, ordenando tu intención en general, y en particular a la única gloria del Señor: alcánzanos del corazón de Jesús, que sea su amor el primer móvil de todas nuestras acciones, y el único término de todas nuestras ansias y solicitudes, y la gracia que con esta misma intención de sola su gloria deseamos. Amén.

Ahora pide cada uno al Santo, la merced o gracia que necesita.

Antífona:

Sacerdos, Pontifex et virtutum Opifex, Pastor bone in Populo , ora pro nobis, Dominum.
V. Amavit eum Dominus et ornavit eum.
R. Stolam gloriae induit eum.

 Oración Final:

Oh Dios, que quisiste que el bienaventurado Francisco, tu confesor y pontífice, se hiciera todo para todos por la salvación de las almas; concédenos propicio, que llenos de la dulzura de la caridad, dirigidos por las enseñanzas y protegidos por los méritos de este Santo, consigamos los gozos eternos. Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, Dios por los siglos de los siglos.

Amén




Octavo Día de la Novena a San Francisco de Sales

Por la señal de la Santa Cruz, de nuestro enemigos, líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Oración preparatoria

Corazón amabilísimo de Jesús, que por la abundancia de tu benignísima misericordia, y para manifestación más sensible del inmenso amor, con que miras a los corazones humanos, deseando dilatar el Reino de tu amor, y penetrar a todos de las más vivas llamas de aquel fuego divino, que viniste a encender en el mundo, enviaste a él en estos últimos siglos, en que lastimosamente se ve enferma la devoción de muchos, al dulcísimo San Francisco de Sales, nuevo Vaso de elección, en cuyo pecho depositaste con tanta largueza los tesoros de tu luz y amor, previniéndolo con tan copiosas bendiciones de dulzura, para que hecho todo para todos, mostrase a toda suerte de gentes el camino llano y seguro de la perfecta virtud cristiana: concédenos, Deifico Corazón, que embriagados con la dulzura de tu amor, protegidos de los altos méritos de este tu escogido Siervo, é instruidos con sus celestiales avisos, conozcamos la vanidad de cuanto el mundo estima para despreciarla; la fealdad del pecado, para aborrecerla; la preciosidad de tu gracia, para conservarla a toda costa; la grandeza y verdadera hermosura de tu ser divino, para amaros con todas las facultades de nuestras almas, y la suavidad apetecible del yugo de tu divina Ley, para que rindamos gustosos nuestra cerviz á tan dichosa servidumbre, y abracemos con todo el conato de nuestro corazón la ligera carga de tus Mandamientos, todos amor, dulzura y verdadera libertad. Compadeceos poderosísimo Corazón de tantas almas, que deslumbradas con los errados dictámenes del ciego y vano mundo, atraídas de los venenosos silbos de la antigua serpiente, y presas en los dorados lazos de los fugitivos placeres de los sentidos, incautamente duermen en una falsa seguridad con lastimoso peligro de su salvación.

Mirad, Corazón clementísimo, que por ellas padeciste congojas y agonías en el Huerto, y terribles desamparos en la Cruz, y que su amor os obligó a que quedaras Sacramentado, haciéndonos compañía hasta el fin del mundo: no se frustren, Señor, tan preciosos trabajos y tan amorosos excesos. Atended también á los fervorosos esmeros con que os sirvieron y desearon los desagravios más cumplidos de vuestro sagrado honor los purísimos corazones de Manía Y José, y por la complacencia que tuviste en los méritos suyos, olvidad los deméritos nuestros. Mirad juntamente el amor tan fino con que siempre buscó únicamente tu mayor gloria el seráfico corazón de San Francisco de Sales: acordaos, Señor, de él, y de toda su mansedumbre, y dulzura de caridad, con que llorando las ofensas vuestras, se deshacía por ganaros almas, y dilatar el Reino sacrosanto de tu amor: Venga, pues, a nosotros ese tu Reino, y sea arrojado fuera de las almas el Príncipe de las tinieblas, que las tiraniza, alúmbrelas siempre tu luz, apodérese de todos los corazones tu amor, anímelos tu gracia, para que eternamente cantemos tus misericordias en la gloria. Amen.

Octavo día:

Pacientísimo San Francisco de Sales, que para unirte con el Divino querer, plantaste en tu corazón una grande sumisión á todas las disposiciones de Dios, particularmente en los sufrimientos y tribulaciones, que son las pruebas más ordinarias del amor, mirando las penas para amarlas en su fuente , que es la divina Providencia: alcánzanos del Corazón de Jesús, luz para conocer este tesoro de la perfecta resignación, por cuyo medio se convierte el alma en un cielo sereno , donde resplandece como sol el reinante amor celestial; y para el mismo fin consíguenos la gracia que deseamos. Amén.

Ahora pide cada uno al Santo, la merced o gracia que necesita.

Antífona:

Sacerdos, Pontifex et virtutum Opifex, Pastor bone in Populo , ora pro nobis, Dominum.
V. Amavit eum Dominus et ornavit eum.
R. Stolam gloriae induit eum.

 Oración Final:

Oh Dios, que quisiste que el bienaventurado Francisco, tu confesor y pontífice, se hiciera todo para todos por la salvación de las almas; concédenos propicio, que llenos de la dulzura de la caridad, dirigidos por las enseñanzas y protegidos por los méritos de este Santo, consigamos los gozos eternos. Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, Dios por los siglos de los siglos.

Amén



Noveno Día de la Novena a San Francisco de Sales



Por la señal de la Santa Cruz, de nuestro enemigos, líbranos Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Oración preparatoria

Corazón amabilísimo de Jesús, que por la abundancia de tu benignísima misericordia, y para manifestación más sensible del inmenso amor, con que miras a los corazones humanos, deseando dilatar el Reino de tu amor, y penetrar a todos de las más vivas llamas de aquel fuego divino, que viniste a encender en el mundo, enviaste a él en estos últimos siglos, en que lastimosamente se ve enferma la devoción de muchos, al dulcísimo San Francisco de Sales, nuevo Vaso de elección, en cuyo pecho depositaste con tanta largueza los tesoros de tu luz y amor, previniéndolo con tan copiosas bendiciones de dulzura, para que hecho todo para todos, mostrase a toda suerte de gentes el camino llano y seguro de la perfecta virtud cristiana: concédenos, Deifico Corazón, que embriagados con la dulzura de tu amor, protegidos de los altos méritos de este tu escogido Siervo, é instruidos con sus celestiales avisos, conozcamos la vanidad de cuanto el mundo estima para despreciarla; la fealdad del pecado, para aborrecerla; la preciosidad de tu gracia, para conservarla a toda costa; la grandeza y verdadera hermosura de tu ser divino, para amaros con todas las facultades de nuestras almas, y la suavidad apetecible del yugo de tu divina Ley, para que rindamos gustosos nuestra cerviz á tan dichosa servidumbre, y abracemos con todo el conato de nuestro corazón la ligera carga de tus Mandamientos, todos amor, dulzura y verdadera libertad. Compadeceos poderosísimo Corazón de tantas almas, que deslumbradas con los errados dictámenes del ciego y vano mundo, atraídas de los venenosos silbos de la antigua serpiente, y presas en los dorados lazos de los fugitivos placeres de los sentidos, incautamente duermen en una falsa seguridad con lastimoso peligro de su salvación.

Mirad, Corazón clementísimo, que por ellas padeciste congojas y agonías en el Huerto, y terribles desamparos en la Cruz, y que su amor os obligó a que quedaras Sacramentado, haciéndonos compañía hasta el fin del mundo: no se frustren, Señor, tan preciosos trabajos y tan amorosos excesos. Atended también á los fervorosos esmeros con que os sirvieron y desearon los desagravios más cumplidos de vuestro sagrado honor los purísimos corazones de Manía Y José, y por la complacencia que tuviste en los méritos suyos, olvidad los deméritos nuestros. Mirad juntamente el amor tan fino con que siempre buscó únicamente tu mayor gloria el seráfico corazón de San Francisco de Sales: acordaos, Señor, de él, y de toda su mansedumbre, y dulzura de caridad, con que llorando las ofensas vuestras, se deshacía por ganaros almas, y dilatar el Reino sacrosanto de tu amor: Venga, pues, a nosotros ese tu Reino, y sea arrojado fuera de las almas el Príncipe de las tinieblas, que las tiraniza, alúmbrelas siempre tu luz, apodérese de todos los corazones tu amor, anímelos tu gracia, para que eternamente cantemos tus misericordias en la gloria. Amen.

Noveno día:

Prudentísimo San Francisco de Sales, que de todas las criaturas hacías escala por donde subías á tu amado Dios, tomando solamente de ellas el resplandor de la bondad divina, que de varias maneras participan todas, levantando la atención á la primera causa, sin fijarla en las segundas, conservando así imperturbable la divina presencia, que despertaba en tu corazón un amor continuo del Sumo bien: alcánzanos del Corazón de Jesús, la luz que te alumbraba, para que teniendo siempre presente a Dios, como le tenías, le amemos como le amabas , y por medio para este fin el favor que deseamos.

Ahora pide cada uno al Santo, la merced o gracia que necesita.

Antífona:

Sacerdos, Pontifex et virtutum Opifex, Pastor bone in Populo , ora pro nobis, Dominum.
V. Amavit eum Dominus et ornavit eum.
R. Stolam gloriae induit eum.

 Oración Final:

Oh Dios, que quisiste que el bienaventurado Francisco, tu confesor y pontífice, se hiciera todo para todos por la salvación de las almas; concédenos propicio, que llenos de la dulzura de la caridad, dirigidos por las enseñanzas y protegidos por los méritos de este Santo, consigamos los gozos eternos. Por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo, Dios por los siglos de los siglos.

Amén

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