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domingo, 24 de septiembre de 2017

NOVENA A SAN FRANCISCO DE BORJA, DEL 24 SEPTIEMBRE AL 2 OCTUBRE


Novena a San Francisco de Borja
24 septiembre al 2 de octubre



 (ACI).- “Bien sé que no son grandes, sino los que se conocen por pequeños; ni son ricos los que tienen, sino los que no desean tener; ni son honrados, sino los que trabajan para que Dios sea honrado y glorificado”, escribió una vez el gran jesuita San Francisco de Borja a su amigo San Pedro Fabro.


Cercanos a la Fiesta de San Francisco de Borja, cuya fiesta se celebra cada 3 de octubre, aquí una novena en honor de aquel que dejó todas las riquezas de la realeza para ingresar a la Compañía de Jesús y servir en la Iglesia con San Ignacio de Loyola.


Primer Día de la Novena a San Francisco de Borja


Por la señal de la Santa cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Acto de contrición

¡Señor mío, Jesucristo!
Dios y Hombre verdadero,
Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois, Bondad infinita,
y porque os amo sobre todas las cosas,
me pesa de todo corazón de haberos ofendido;
también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno.
Ayudado de vuestra divina gracia
propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.

Amén.

Oración inicial para todos los días

Glorioso San Francisco de Borja, si es para gloria de Dios, honra tuya y bien de mi alma, alcánzame del Señor lo que te pido en esta novena y si no, encamina mi petición a Dios para que en mí y en todos se cumpla la divina voluntad. Amén.

Oración para el primer día

Dios y Señor de los Ángeles, cuya pureza conservó tu siervo San Francisco de Borja entre los peligros de la juventud, de la abundancia y de los halagos de la corte. Por los méritos de los Ángeles y de la angelical alma de San Borja, te suplico, Dios mío, conserves la pureza de mi cuerpo y alma y me concedas el favor que te pido por intercesión de San Borja. Amén.

(Aquí se dicen las intenciones de la novena o las peticiones y se reza tres Padre Nuestro, Ave María y Gloria).

Oración final para todos los días

Santísimo y amado padre San Francisco de Borja, grande por naturaleza en la tierra y mayor por tu humildad en el cielo, ejemplo de príncipes y señores, guía de sacerdotes y maestros, modelo de religiosos y prelados, celosísimo del bien de las almas y a quien Dios ha concedido especial gracia para desterrar las tercianas y otras enfermedades; para apaciguar los discordes, conservar el honor y recobrar buena fama; para aplacar los terremotos y librar de sus daños a tantos pueblos y ciudades que te invocan como su protector y patrono.

A ti acudo, padre mío, para que como tan amante de María Inmaculada y de Jesús Sacramentado, intercedas por mí, alcanzándome el perdón de mis pecados e imitación de tus virtudes, hasta gozar de Jesús y María por medio de una santa muerte, y que en vida logre la gracia que te pido por medio de esta novena, si ha de ser para gloria de Dios y tuya. Amén.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.




Segundo Día de la Novena a San Francisco de Borja

Por la señal de la Santa cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Acto de contrición

¡Señor mío, Jesucristo!
Dios y Hombre verdadero,
Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois, Bondad infinita,
y porque os amo sobre todas las cosas,
me pesa de todo corazón de haberos ofendido;
también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno.
Ayudado de vuestra divina gracia
propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.
Amén.

Oración inicial para todos los días

Glorioso San Francisco de Borja, si es para gloria de Dios, honra tuya y bien de mi alma, alcánzame del Señor lo que te pido en esta novena y si no, encamina mi petición a Dios para que en mí y en todos se cumpla la divina voluntad. Amén.

Oración del segundo día

Dios y Señor de los Arcángeles, en cuyo coro encontró cabida tu siervo San Borja entre los peligros de joven, noble y hermoso, y se consagró por medio de su humildad y penitencia a ser más grande en los cielos que en la tierra. Por los méritos de los Arcángeles y el de tu gran humilde siervo San Francisco de Borja, te suplico me des la gracia para que en los peligros del mundo te sirva y ame hasta gozar de ti en el cielo. Amén.

(Aquí se dicen las intenciones de la novena o las peticiones y se reza tres Padre Nuestro, Ave María y Gloria).

Oración final para todos los días

Santísimo y amado padre San Francisco de Borja, grande por naturaleza en la tierra y mayor por tu humildad en el cielo, ejemplo de príncipes y señores, guía de sacerdotes y maestros, modelo de religiosos y prelados, celosísimo del bien de las almas y a quien Dios ha concedido especial gracia para desterrar las tercianas y otras enfermedades; para apaciguar los discordes, conservar el honor y recobrar buena fama; para aplacar los terremotos y librar de sus daños a tantos pueblos y ciudades que te invocan como su protector y patrono.

A ti acudo, padre mío, para que como tan amante de María Inmaculada y de Jesús Sacramentado, intercedas por mí, alcanzándome el perdón de mis pecados e imitación de tus virtudes, hasta gozar de Jesús y María por medio de una santa muerte, y que en vida logre la gracia que te pido por medio de esta novena, si ha de ser para gloria de Dios y tuya. Amén.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.



Tercer Día de la Novena a San Francisco de Borja


Por la señal de la Santa cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Acto de contrición

¡Señor mío, Jesucristo!
Dios y Hombre verdadero,
Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois, Bondad infinita,
y porque os amo sobre todas las cosas,
me pesa de todo corazón de haberos ofendido;
también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno.
Ayudado de vuestra divina gracia
propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.
Amén.

Oración inicial para todos los días

Glorioso San Francisco de Borja, si es para gloria de Dios, honra tuya y bien de mi alma, alcánzame del Señor lo que te pido en esta novena y si no, encamina mi petición a Dios para que en mí y en todos se cumpla la divina voluntad. Amén.

Oración del tercer día

Dios y Señor de los Tronos, que hiciste trono de tu gracia a San Francisco de Borja en el estado del santo matrimonio, disponiendo que en Borja hicieran asiento muchas virtudes para ser ejemplo de ellas en todos los estados. Por los méritos de los Tronos y de este tu siervo, te suplico que mi alma descanse sólo en ti y sea trono de tu mayor gloria todos los días de mi vida. Amén.

(Aquí se dicen las intenciones de la novena o las peticiones y se reza tres Padre Nuestro, Ave María y Gloria).

Oración final para todos los días

Santísimo y amado padre San Francisco de Borja, grande por naturaleza en la tierra y mayor por tu humildad en el cielo, ejemplo de príncipes y señores, guía de sacerdotes y maestros, modelo de religiosos y prelados, celosísimo del bien de las almas y a quien Dios ha concedido especial gracia para desterrar las tercianas y otras enfermedades; para apaciguar los discordes, conservar el honor y recobrar buena fama; para aplacar los terremotos y librar de sus daños a tantos pueblos y ciudades que te invocan como su protector y patrono.

A ti acudo, padre mío, para que como tan amante de María Inmaculada y de Jesús Sacramentado, intercedas por mí, alcanzándome el perdón de mis pecados e imitación de tus virtudes, hasta gozar de Jesús y María por medio de una santa muerte, y que en vida logre la gracia que te pido por medio de esta novena, si ha de ser para gloria de Dios y tuya. Amén.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.




Cuarto Día de la Novena a San Francisco de Borja


Por la señal de la Santa cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Acto de contrición

¡Señor mío, Jesucristo!
Dios y Hombre verdadero,
Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois, Bondad infinita,
y porque os amo sobre todas las cosas,
me pesa de todo corazón de haberos ofendido;
también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno.
Ayudado de vuestra divina gracia
propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.
Amén.

Oración inicial para todos los días

Glorioso San Francisco de Borja, si es para gloria de Dios, honra tuya y bien de mi alma, alcánzame del Señor lo que te pido en esta novena y si no, encamina mi petición a Dios para que en mí y en todos se cumpla la divina voluntad. Amén.

Oración del cuarto día

Dios y Señor de las Dominaciones que concediste a San Borja  dominar su voluntad y pasiones cuando entre las glorias del mundo atraía los corazones humanos a tu servicio, sin faltar al de los reyes de la tierra. Por las Dominaciones y por las virtudes de San Borja concédeme, Señor, que los bienes y honores de esta vida nunca me dominen de manera que me aparten del fin para el cual me has creado. Amén.

(Aquí se dicen las intenciones de la novena o las peticiones y se reza tres Padre Nuestro, Ave María y Gloria).

Oración final para todos los días

Santísimo y amado padre San Francisco de Borja, grande por naturaleza en la tierra y mayor por tu humildad en el cielo, ejemplo de príncipes y señores, guía de sacerdotes y maestros, modelo de religiosos y prelados, celosísimo del bien de las almas y a quien Dios ha concedido especial gracia para desterrar las tercianas y otras enfermedades; para apaciguar los discordes, conservar el honor y recobrar buena fama; para aplacar los terremotos y librar de sus daños a tantos pueblos y ciudades que te invocan como su protector y patrono.

A ti acudo, padre mío, para que como tan amante de María Inmaculada y de Jesús Sacramentado, intercedas por mí, alcanzándome el perdón de mis pecados e imitación de tus virtudes, hasta gozar de Jesús y María por medio de una santa muerte, y que en vida logre la gracia que te pido por medio de esta novena, si ha de ser para gloria de Dios y tuya. Amén.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.



Quinto Día de la Novena a San Francisco de Borja

Por la señal de la Santa cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Acto de contrición

¡Señor mío, Jesucristo!
Dios y Hombre verdadero,
Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois, Bondad infinita,
y porque os amo sobre todas las cosas,
me pesa de todo corazón de haberos ofendido;
también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno.
Ayudado de vuestra divina gracia
propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.
Amén.

Oración inicial para todos los días

Glorioso San Francisco de Borja, si es para gloria de Dios, honra tuya y bien de mi alma, alcánzame del Señor lo que te pido en esta novena y si no, encamina mi petición a Dios para que en mí y en todos se cumpla la divina voluntad. Amén.

Oración del quinto día

Dios y Señor de los Principados, quinto coro de los príncipes del cielo, a donde subió tu humilde siervo San Borja, que despreciando el principado de la tierra se consagró al estado religioso para milagro de príncipes y esclavo de los hombres. Por los méritos de los Principados y del humilde San Borja te suplico, Señor, que use yo de la nobleza, sabiduría y poder del mundo en la medida que contribuyan a tu gloria y bien de mi alma. Amén.

(Aquí se dicen las intenciones de la novena o las peticiones y se reza tres Padre Nuestro, Ave María y Gloria).

Oración final para todos los días

Santísimo y amado padre San Francisco de Borja, grande por naturaleza en la tierra y mayor por tu humildad en el cielo, ejemplo de príncipes y señores, guía de sacerdotes y maestros, modelo de religiosos y prelados, celosísimo del bien de las almas y a quien Dios ha concedido especial gracia para desterrar las tercianas y otras enfermedades; para apaciguar los discordes, conservar el honor y recobrar buena fama; para aplacar los terremotos y librar de sus daños a tantos pueblos y ciudades que te invocan como su protector y patrono.

A ti acudo, padre mío, para que como tan amante de María Inmaculada y de Jesús Sacramentado, intercedas por mí, alcanzándome el perdón de mis pecados e imitación de tus virtudes, hasta gozar de Jesús y María por medio de una santa muerte, y que en vida logre la gracia que te pido por medio de esta novena, si ha de ser para gloria de Dios y tuya. Amén.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.



Sexto Día de la Novena a San Francisco de Borja


Por la señal de la Santa cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Acto de contrición

¡Señor mío, Jesucristo!
Dios y Hombre verdadero,
Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois, Bondad infinita,
y porque os amo sobre todas las cosas,
me pesa de todo corazón de haberos ofendido;
también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno.
Ayudado de vuestra divina gracia
propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.
Amén.

Oración inicial para todos los días

Glorioso San Francisco de Borja, si es para gloria de Dios, honra tuya y bien de mi alma, alcánzame del Señor lo que te pido en esta novena y si no, encamina mi petición a Dios para que en mí y en todos se cumpla la divina voluntad. Amén.

Oración del sexto día

Dios y Señor de las Potestades, de las que te sirves para empresas de tu gloria, en este coro colocaste al gran San Borja para que, como potestad del cielo, hiciera rendirse a las del infierno, a las borrascas del aire y temblores de la tierra. Por las Potestades y por el poder que comunicaste a tu caudillo San Borja te suplico, Señor, mitigues tus rigores en los terremotos y me des tiempo para una muerte ajustada a las divinas leyes. Amén.

(Aquí se dicen las intenciones de la novena o las peticiones y se reza tres Padre Nuestro, Ave María y Gloria).

Oración final para todos los días

Santísimo y amado padre San Francisco de Borja, grande por naturaleza en la tierra y mayor por tu humildad en el cielo, ejemplo de príncipes y señores, guía de sacerdotes y maestros, modelo de religiosos y prelados, celosísimo del bien de las almas y a quien Dios ha concedido especial gracia para desterrar las tercianas y otras enfermedades; para apaciguar los discordes, conservar el honor y recobrar buena fama; para aplacar los terremotos y librar de sus daños a tantos pueblos y ciudades que te invocan como su protector y patrono.

A ti acudo, padre mío, para que como tan amante de María Inmaculada y de Jesús Sacramentado, intercedas por mí, alcanzándome el perdón de mis pecados e imitación de tus virtudes, hasta gozar de Jesús y María por medio de una santa muerte, y que en vida logre la gracia que te pido por medio de esta novena, si ha de ser para gloria de Dios y tuya. Amén.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.



Séptimo día de la Novena a San Francisco de Borja


Por la señal de la Santa cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Acto de contrición

¡Señor mío, Jesucristo!
Dios y Hombre verdadero,
Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois, Bondad infinita,
y porque os amo sobre todas las cosas,
me pesa de todo corazón de haberos ofendido;
también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno.
Ayudado de vuestra divina gracia
propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.
Amén.

Oración inicial para todos los días

Glorioso San Francisco de Borja, si es para gloria de Dios, honra tuya y bien de mi alma, alcánzame del Señor lo que te pido en esta novena y si no, encamina mi petición a Dios para que en mí y en todos se cumpla la divina voluntad. Amén.

Oración del séptimo día

Dios y Señor de las Virtudes, séptima orden de tus ángeles, que te serviste de San Borja en el orden sacerdotal para que, como virtud tuya, arrojara demonios de los cuerpos y pecados de las almas, obrando siempre singulares maravillas. Por los méritos de las Virtudes y por la devoción que San Borja tuvo al Augusto Sacramento, te suplico enciendas en mi alma el fuego del Espíritu Santo para que como virtud del cielo atraiga almas a tu divino servicio y logre la gracia de los santos sacramentos. Amén.

(Aquí se dicen las intenciones de la novena o las peticiones y se reza tres Padre Nuestro, Ave María y Gloria).

Oración final para todos los días

Santísimo y amado padre San Francisco de Borja, grande por naturaleza en la tierra y mayor por tu humildad en el cielo, ejemplo de príncipes y señores, guía de sacerdotes y maestros, modelo de religiosos y prelados, celosísimo del bien de las almas y a quien Dios ha concedido especial gracia para desterrar las tercianas y otras enfermedades; para apaciguar los discordes, conservar el honor y recobrar buena fama; para aplacar los terremotos y librar de sus daños a tantos pueblos y ciudades que te invocan como su protector y patrono.

A ti acudo, padre mío, para que como tan amante de María Inmaculada y de Jesús Sacramentado, intercedas por mí, alcanzándome el perdón de mis pecados e imitación de tus virtudes, hasta gozar de Jesús y María por medio de una santa muerte, y que en vida logre la gracia que te pido por medio de esta novena, si ha de ser para gloria de Dios y tuya. Amén.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.



Octavo Día de la Novena a San Francisco de Borja


Por la señal de la Santa cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Acto de contrición

¡Señor mío, Jesucristo!
Dios y Hombre verdadero,
Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois, Bondad infinita,
y porque os amo sobre todas las cosas,
me pesa de todo corazón de haberos ofendido;
también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno.
Ayudado de vuestra divina gracia
propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.
Amén.

Oración inicial para todos los días

Glorioso San Francisco de Borja, si es para gloria de Dios, honra tuya y bien de mi alma, alcánzame del Señor lo que te pido en esta novena y si no, encamina mi petición a Dios para que en mí y en todos se cumpla la divina voluntad. Amén.

Oración del octavo día

Dios y Señor de los Querubines, cuyo nombre significa sapientísimos, y cuya sabiduría aprendió y practicó San Borja, doctor de ciencias y virtudes. Por los méritos de estos Querubines y de San Francisco de Borja que se aplicó con tesón a las artes, sin olvidar las virtudes, ni la perfección religiosa, os suplico, Padre de la luces, me comuniques la verdadera sabiduría, alumbres mi entendimiento para conocerte y enciendas mi voluntad para amarte eternamente. Amén.

(Aquí se dicen las intenciones de la novena o las peticiones y se reza tres Padre Nuestro, Ave María y Gloria).

Oración final para todos los días

Santísimo y amado padre San Francisco de Borja, grande por naturaleza en la tierra y mayor por tu humildad en el cielo, ejemplo de príncipes y señores, guía de sacerdotes y maestros, modelo de religiosos y prelados, celosísimo del bien de las almas y a quien Dios ha concedido especial gracia para desterrar las tercianas y otras enfermedades; para apaciguar los discordes, conservar el honor y recobrar buena fama; para aplacar los terremotos y librar de sus daños a tantos pueblos y ciudades que te invocan como su protector y patrono.

A ti acudo, padre mío, para que como tan amante de María Inmaculada y de Jesús Sacramentado, intercedas por mí, alcanzándome el perdón de mis pecados e imitación de tus virtudes, hasta gozar de Jesús y María por medio de una santa muerte, y que en vida logre la gracia que te pido por medio de esta novena, si ha de ser para gloria de Dios y tuya. Amén.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.





Noveno Día de la Novena a San Francisco de Borja
Por la señal de la Santa cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Acto de contrición

¡Señor mío, Jesucristo!
Dios y Hombre verdadero,
Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois, Bondad infinita,
y porque os amo sobre todas las cosas,
me pesa de todo corazón de haberos ofendido;
también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno.
Ayudado de vuestra divina gracia
propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.
Amén.

Oración inicial para todos los días

Glorioso San Francisco de Borja, si es para gloria de Dios, honra tuya y bien de mi alma, alcánzame del Señor lo que te pido en esta novena y si no, encamina mi petición a Dios para que en mí y en todos se cumpla la divina voluntad. Amén.

Oración del noveno día

Dios y Señor de los Serafines, espíritus que en tu amor se abrazan y encienden a las almas. Tú sabes que el serafín San Borja se abrazó en tu amor y lo comunicó a todos con su enseñanza y ministerios, enviando al “Nuevo Mundo” apostólicos varones para convertir a los pueblos. Por los merecimientos de los Serafines y del serafín San Borja te suplico me libres de los riesgos de esta vida y me lleves a gozar de ti en el cielo, en donde te sirva y alabe por todos los siglos. Amén.

(Aquí se dicen las intenciones de la novena o las peticiones y se reza tres Padre Nuestro, Ave María y Gloria).

Oración final para todos los días

Santísimo y amado padre San Francisco de Borja, grande por naturaleza en la tierra y mayor por tu humildad en el cielo, ejemplo de príncipes y señores, guía de sacerdotes y maestros, modelo de religiosos y prelados, celosísimo del bien de las almas y a quien Dios ha concedido especial gracia para desterrar las tercianas y otras enfermedades; para apaciguar los discordes, conservar el honor y recobrar buena fama; para aplacar los terremotos y librar de sus daños a tantos pueblos y ciudades que te invocan como su protector y patrono.

A ti acudo, padre mío, para que como tan amante de María Inmaculada y de Jesús Sacramentado, intercedas por mí, alcanzándome el perdón de mis pecados e imitación de tus virtudes, hasta gozar de Jesús y María por medio de una santa muerte, y que en vida logre la gracia que te pido por medio de esta novena, si ha de ser para gloria de Dios y tuya. Amén.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.


lunes, 3 de octubre de 2016

ORACIÓN A SAN FRANCISCO DE BORJA


Oración a San Francisco de Borja



Admirable San Francisco de Borja, grande en la tierra, pero mucho mayor en el cielo por tus admirables virtudes, ejemplo de príncipes y señores, guía de sacerdotes, modelo de religiosos y prelados, celosísimo del bien de las almas; que has merecido del Señor gracia especial para librar de las enfermedades a tus devotos, conservarles el honor, y hacer que recobren la buena fama; para apaciguar discordias, aplacar terremotos, y librar de sus estragos a tantos pueblos, que os invocan por protector y patrono; alcánzame del Señor buen uso de las riquezas, paciencia en las adversidades, desprecio de las pompas y vanidades del mundo, la salud y el bienestar del cuerpo que convenga para mi salvación, y sobre todo imitación perfecta de tus virtudes, para gozar contigo de la presencia de Dios en el cielo por los siglos sin fin. Amén

SAN FRANCISCO DE BORJA, TERCER SUPERIOR GENERAL DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS, 3 DE OCTUBRE


Hoy 3 de Octubre celebramos a San Francisco de Borja el magnate viudo que dejó todo para servir a Jesús


 (ACI).- Cada 3 de octubre se celebra la Fiesta de San Francisco de Borja, un padre de familia que enviudó, dejó las riquezas de la corte real y se dedicó a servir a la Iglesia, junto a San Ignacio de Loyola, en la Compañía de Jesús.

Francisco de Borja nació en Gandía (Valencia) en 1510. Como descendiente de la realeza fue Duque de Gandía, Gobernador, Virrey de Cataluña y hasta Consejero del Emperador Carlos I de España y V de Alemania.

Contrajo matrimonio a los 19 años con Leonor de Castro y tuvo ocho hijos, a quienes crió con gran esmero.

Cierto día, siendo Virrey de Cataluña, recibió la misión de conducir los restos mortales de la Emperatriz Isabel a la sepultura real de Granada. Cuando fue a reconocer el cuerpo en el ataúd vio que la cara de la difunta estaba ya en proceso de descomposición y comprendió la caducidad de la vida eterna.

“¡No serviré nunca más a un señor que pudiese morir!", fue la resolución que tomó y que se ha hecho famosa.

Después de morir su esposa, velar por la educación de sus hijos y dejar sus títulos y bienes, ingresa a la Compañía de Jesús donde llegó incluso a ser ayudante del cocinero. Fue ordenado sacerdote y posteriormente es nombrado Provincial en España. Fundó una multitud de casas y colegios. Los reyes y Papas le pedían consejos.

En 1566 es nombrado Tercer Superior General de la Orden y apoyó mucho a las misiones. Inició el Colegio Romano, pero rechazó el título de fundador que ordinariamente se da a Gregorio XIII, quien lo restableció con el nombre de Universidad Gregoriana.

Retornó a la Casa del Padre a la media noche del 30 de septiembre de 1572. De él diría el P. Verjus: “San Ignacio de Loyola proyectó el edificio y echó los cimientos; el P. Laínez construyó los muros; San Francisco de Borja techó el edificio y arregló el interior y, de esta suerte, concluyó la gran obra que Dios había revelado a San Ignacio".


Padre de familia y Virrey de Cataluña

Se casó a los 19 años con Leonor de Castro y tuvo ocho hijos. Al año siguiente recibió del emperador el título de marqués de Lombay. A los 29 años, Carlos V le nombró virrey de Cataluña (1539-1543), cuya capital es Barcelona. Años después, Francisco solía decir: "Dios me preparó en ese cargo para ser general de la Compañía de Jesús. Ahí aprendí a tomar decisiones importantes, a mediar en las disputas, a considerar las cuestiones desde los dos puntos de vista. Si no hubiese sido virrey, nunca lo hubiese aprendido".

En el ejercicio de su cargo consagraba a la oración todo el tiempo que le dejaban libres los negocios públicos y los asuntos de su familia. Los personajes de la corte comentaban desfavorablemente la frecuencia con que comulgaba, ya que prevalecía entonces la idea, muy diferente de la de los primeros cristianos, de que un laico envuelto en los negocios del mundo cometía un pecado de presunción si recibía con demasiada frecuencia el sacramento del Cuerpo de Cristo. En una palabra, el virrey de Cataluña "veía con otros ojos y oía con otras orejas que antes; hablaba con otra lengua, porque su corazón había cambiado."

En Barcelona se encontró con San Pedro de Alcántara y con el beato jesuita Pedro Favre. Este último encuentro, veremos después, fue decisivo para Francisco.

Modelo de hombre cristiano


En 1543, a la muerte de su padre, heredó el ducado de Gandía. Como el rey Juan de Portugal se negó a aceptarle como principal personaje de la corte de Felipe II, quien iba a contraer matrimonio con su hija, Francisco renunció al virreinato y se retiró con su familia a Gandía. Ello constituyó un duro golpe, para su carrera pública, y desde entonces el duque empezó a preocuparse más de sus asuntos personales.

En efecto, fortificó la ciudad de Gandía para protegerla contra los piratas berberiscos, construyó un convento de dominicos en Lombay y reparó un hospital. Por entonces, el obispo de Cartagena escribió a un amigo suyo: "Durante mi reciente estancia en Gandía pude darme cuenta de que Don Francisco es un modelo de duques y un espejo de caballeros cristianos. Es un hombre humilde y verdaderamente bueno, un hombre de Dios en todo el sentido de la palabra... Educa a sus hijos con un esmero extraordinario y se preocupa mucho por su servidumbre. Nada le agrada tanto como la compañía de los sacerdotes y religiosos..."


Encuentro con la muerte le da nueva vida

El mismo año que fue nombrado Virrey de Cataluña, Francisco recibió la misión de conducir a la sepultura real de Granada los restos mortales de la emperatriz Isabel. Él la había visto muchas veces rodeada de aduladores y de todas las riquezas de la corte. Al abrir el ataúd para reconocer el cuerpo, la cara de la difunta estaba ya en proceso de descomposición. Francisco entonces tomó su famosa resolución: « ¡no servir nunca más a un señor que pudiese morir!"» Comprendió profundamente la caducidad de la vida terrena.

Algunos años más tarde, estando enferma su esposa, pidió a Dios su curación y una voz celestial le dijo: «Tú puedes escoger para tu esposa la vida o la muerte, pero si tú prefieres la vida, ésta no será ni para tu beneficio ni para el suyo.» Derramando lágrimas, respondió: «Que se haga vuestra voluntad y no la mía.»

La muerte de Doña Leonor, su esposa, ocurrida en 1546 fue un gran dolor para Francisco. El más joven de sus ocho hijos tenía apenas ocho años cuando murió Doña Leonor.

El mismo año, el Beato Pedro Favre se detuvo unos días en Gandía y Francisco hizo los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola. El 2 de Junio hizo los votos de castidad, de obediencia y de entrar en la Compañía de Jesús. El Beato Favre partió de ahí a Roma, llevando un mensaje del duque a San Ignacio, comunicando al fundador de la Compañía de Jesús que había hecho voto de ingresar en la orden. San Ignacio se alegró mucho de la noticia; sin embargo, aconsejó al duque que difiriese la ejecución de sus proyectos hasta que terminase la educación de sus hijos y que, mientras tanto, tratase de obtener el grado de doctor en teología en la Universidad de Gandía, que acababa de fundar. También le aconsejaba que no divulgase su propósito, pues "el mundo no tiene orejas para oír tal estruendo."

Francisco obedeció puntualmente. Pero al año siguiente, fue convocado a asistir a las cortes de Aragón, lo cual estorbaba el cumplimiento de sus propósitos. En vista de ello, San Ignacio le dio permiso de que hiciese en privado la profesión. Tres años después, el 31 de agosto de 1550, cuando todos los hijos del duque estaban ya colocados, partió éste para Roma, se encontró con San Ignacio y, después de renunciar al ducado de Gandía, ingresó en la Compañía de Jesús a la edad de cuarenta y cuatro años.

Cuatro meses más tarde, volvió a España y se retiró a una ermita de Oñate, en las cercanías de Loyola. Desde ahí obtuvo el permiso del emperador para traspasar sus títulos y posesiones a su hijo Carlos. En seguida se rasuró la cabeza y la barba, tomó el hábito clerical, y recibió la ordenación sacerdotal en la semana de Pentecostés, el 26 de mayo de 1551. "El duque que se había hecho jesuita se convirtió en la sensación de la época. El Papa concedió indulgencia plenaria a cuantos asistiesen a su primera misa en Vergara, y la multitud que congregó fue tan grande que hubo que poner el altar al aire libre.

Su propósito de renunciar a los honores se vio también probado en la vida religiosa. Carlos V lo propuso como cardenal, pero Francisco no aceptó.

Los superiores de la casa de Oñate le nombraron ayudante del cocinero: su oficio consistía en acarrear agua y leña, en encender la estufa y limpiar la cocina. Cuando atendía a la mesa y cometía algún error el santo duque tenía que pedir perdón de rodillas a la comunidad por servirla con torpeza.

Inmediatamente después de su ordenación, empezó a predicar en la provincia de Guipúzcoa y recorría los pueblos haciendo sonar una campanilla para llamar a los niños al catecismo y a los adultos a la instrucción. Por su parte, el superior de Francisco le trataba con la severidad que le parecía exigir la nobleza del duque. Indudablemente que el santo sufrió mucho en aquella época, pero jamás dio la menor muestra de impaciencia.

En cierta ocasión en que se había abierto una herida en la cabeza, el médico le dijo al vendársela: "Temo, señor que voy a hacer algún daño a vuestra gracia". Francisco respondió: "Nada puede herirme más que ese tratamiento de dignidad que me dais". Después de su conversión, el duque empezó a practicar penitencias extraordinarias; era un hombre muy gordo, pero su talle empezó a estrecharse rápidamente. Aunque sus superiores pusieron coto a sus excesos, San Francisco se las ingeniaba para inventar nuevas penitencias. Más tarde, admitía que, sobre todo antes de ingresar en la Compañía de Jesús, había mortificado su cuerpo con demasiada severidad.

Durante algunos meses predicó fuera de Oñate. El éxito de su predicación fue inmenso. Numerosas personas le tomaron por director espiritual. Él fue de los primeros en reconocer el valor grandísimo de Santa Teresa de Jesús. Después de obrar maravillas en Castilla y Andalucía, se sobrepasó a sí mismo en Portugal.


San Ignacio le da el cargo de provincial

San Ignacio le nombró provincial de la Compañía de Jesús en España. San Francisco de Borja dio muestras de su celo y, en toda ocasión expresaba su esperanza de que la Compañía de Jesús se distinguiese en el servicio de Dios por tres normas: la oración y los sacramentos, la oposición a la mentalidad del mundo y la perfecta obediencia. Esas eran las características del alma del santo.

Dios utilizó a San Francisco de Borja para establecer la nueva orden en España. Fundó una multitud de casas y colegios durante sus años de general. Ello no le impedía, sin embargo, preocuparse por su familia y por los asuntos de España. Por ejemplo, dulcificó los últimos momentos de Juana la Loca, quien había perdido la razón cincuenta años antes, a raíz de la muerte de su esposo y, desde entonces, había experimentado una extraña aversión por el clero.

Al año siguiente, poco después de la muerte de San Ignacio, Carlos V abdicó, se enclaustró en el monasterio de Yuste y mandó llamar a San Francisco. El emperador nunca había sentido predilección por la Compañía de Jesús y declaró al santo que no estaba contento de que hubiese escogido esa orden. Éste confesó los motivos por los que se había hecho jesuita y afirmó que Dios le había llamado a un estado el que se uniese la acción a la contemplación y en el que se viese libre de dignidades que le habían acosado en el mundo.

Aclaró que, por cierto la Compañía de Jesús era una orden nueva, pero el fervor de sus miembros valía más que la antigüedad, ya que "la antigüedad no es una garantía de fervor". Con eso quedaron disipados los prejuicios de Carlos V.


Superior general

San Francisco no era partidario de la Inquisición y este tribunal no le veía con buenos ojos, por lo que Felipe II tuvo que escuchar más de una vez las calumnias que los envidiosos levantaban contra el santo duque. Éste permaneció en Portugal hasta 1561, cuando el Papa Pío IV le llamó a Roma a instancias del P. Laínez, general de los jesuitas.

En Roma se le acogió cordialmente. Entre los que asistían regularmente a sus sermones se contaban el cardenal Carlos Borromeo y el cardenal Ghislieri, quien más tarde fue Papa con el nombre de Pío V. Ahí se interiorizó más de los asuntos de la Compañía y empezó a desempeñar cargos de importancia. En 1566, a la muerte del P. Laínez, fue elegido general, cargo que ejerció hasta su muerte.

Durante los siete años que desempeñó ese oficio, dio tal ímpetu a su orden en todo el mundo, que puede llamársele el segundo fundador. El celo con que propagó las misiones y la evangelización del mundo pagano inmortalizó su nombre. Y no se mostró menos diligente en la distribución de sus súbditos en Europa para colaborar a la reforma de las costumbres. Su primer cuidado fue establecer un noviciado regular en Roma y ordenar que se hiciese otro tanto en las diferentes provincias.

Durante su primera visita a la Ciudad Eterna, quince años antes, se había interesado mucho en el proyecto de fundación del Colegio Romano y había regalado una generosa suma para ponerlo en práctica. Como general de la Compañía, se ocupó personalmente de dirigir el Colegio y de precisar el programa de estudios. Prácticamente fue él, quien fundó el Colegio Romano, aunque siempre rehusó el título de fundador, que se da ordinariamente a Gregorio XIII, quien lo restableció con el nombre de Universidad Gregoriana.

San Francisco construyó la iglesia de San Andrés del Quirinal y fundó el noviciado en la residencia contigua; además, empezó a construir el Gesu y amplió el Colegio Germánico, en el que se preparaban los misioneros destinados a predicar en aquellas regiones del norte de Europa en las que el protestantismo había hecho estragos.

San Pío V tenía mucha confianza en la Compañía de Jesús y gran admiración por su general, de suerte que San Francisco de Borja podía moverse con gran libertad. A él se debe la extensión de la Compañía de Jesús más allá de los Alpes, así como el establecimiento de la provincia de Polonia. Valiéndose de su influencia en la corte de Francia, consiguió que los jesuitas fuesen bien recibidos en ese país y fundasen varios colegios. Por otra parte reformó las misiones de la India, las del Extremo Oriente y dio comienzo a las misiones de América.

Entre su obra legislativa hay que contar una nueva edición de las reglas de la Compañía y una serie de directivas para los jesuitas dedicados a trabajos particulares. A pesar del extraordinario trabajo que desempeñó durante sus siete años de generalato, jamás se desvió un ápice de la meta que se había fijado, ni descuidó su vida interior.

Un siglo más tarde escribió el P. Verjus: "Se puede decir con verdad que la Compañía debe a San Francisco de Borja su forma característica y su perfección. San Ignacio de Loyola proyectó el edificio y echó los cimientos; el P. Laínez construyó los muros; San Francisco de Borja techó el edificio y arregló el interior y, de esta suerte, concluyó la gran obra que Dios había revelado a San Ignacio".

No obstante sus muchas ocupaciones, San Francisco encontraba tiempo todavía para encargarse de otros asuntos. Por ejemplo, cuando la peste causó estragos en Roma,1566, el santo reunió limosnas para asistir a los pobres y envió a sus súbditos, por parejas, a cuidar a los enfermos de la ciudad, no obstante el peligro al que los exponía. Se le ofreció el cargo de cardenal y tenía posibilidades de llegar a ser Papa, pero no lo aceptó.

En 1571, el Papa envió al cardenal Bonelli con una embajada a España, Portugal y Francia, y San Francisco de Borja le acompañó. Aunque la embajada fue un fracaso desde el punto de vista político, constituyó un triunfo personal de Francisco. En todas partes se reunían multitudes para "ver al santo duque" y oírle predicar; Felipe II, olvidando las antiguas animosidades, le recibió tan cordialmente como sus súbditos.

Pero la fatiga del viaje apresuró el fin de San Francisco. Su primo el duque Alfonso, alarmado por el estado de su salud, le envió desde Ferrara a Roma en una litera. Sólo le quedaban ya dos días de vida. Por intermedio de su hermano Tomás, San Francisco envió sus bendiciones a cada uno de sus hijos y nietos y, a medida que su hermano le repetía los nombres de cada uno, oraba por ellos.

Tenía una profunda devoción a la Eucaristía y a la Virgen Santísima. Gravemente enfermo, cuando solo le quedaban dos días de vida, quiso visitar el Santuario Mariano de Loreto.

Cuando el santo perdió el habla, un pintor entró a retratarle. Al ver al pintor, San Francisco manifestó su desaprobación con la mirada y el gesto y no se dejó pintar. Murió a la media noche del 30 de septiembre de 1572. Según la expresión del P. Brodrick fue "uno de los hombres más buenos, amables y nobles que había pisado nuestro pobre mundo."

La humildad


Desde el momento de su "conversión", San Francisco de Borja, canonizado en 1671, cayó en la cuenta de la importancia y de la dificultad de alcanzar la verdadera humildad y se impuso toda clase de humillaciones a los ojos de Dios y de los hombres. Cierto día, en Valladolid, donde el pueblo recibió al santo en triunfo, el P. Bustamante observó que Francisco se mostraba todavía más humilde que de ordinario y le preguntó la razón de su actitud. El replicó: "Esta mañana, durante la meditación, caí en la cuenta de que mi verdadero sitio está en el infierno y tengo la impresión de que todos los hombres, aun los más tontos, deberían gritarme: ‘¡Ve a ocupar tu sitio en el infierno!’".

Un día confesó a los novicios que, durante los seis años que llevaba meditando la vida de Cristo, se había puesto siempre en espíritu a los pies de Judas; pero que recientemente había caído en la cuenta de que Cristo había lavado los pies del traidor y por ese motivo ya no se sentía digno de acercarse ni siquiera a Judas.

Francisco no se dejó engañar por el mundo. Sabiéndose nada confió todo en Jesucristo y logró la santidad. Fue canonizado en 1671. En mayo de 1931, su cuerpo, venerado en la casa religiosa de Madrid, fue quemado en el incendio que causaron los revolucionarios.

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