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miércoles, 29 de enero de 2014

LETANÍA DEL CORAZÓN AGONIZANTE DE JESÚS


Letanía del Corazón agonizante de Jesús

Señor, ten piedad de nosotros.

Jesucristo, ten piedad de nosotros.

Señor, ten piedad de nosotros.

Jesucristo, escúchanos.

Jesucristo óyenos.

Dios Padre celestial, ten piedad de nosotros.

Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.

Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.

Santísima Trinidad, que eres un solo Dios, ten piedad de nosotros,

Corazón agonizante de Jesús, ten misericordia de los moribundos.

Corazón agonizante de Jesús que, desde el primer instante de tu formación en el casto seno de maría has sufrido por nuestra salvación, ten misericordia de nosotros.

Corazón agonizante de Jesús, que durante toda tu vida has sufrido tantas penas interiores, especialmente durante tu pasión, ten misericordia de nosotros. (En adelante se repite ten misericordia de nosotros).

Corazón de Jesús, que llevaste contigo a tus más caros discípulos para ser testigos de tu dolorosa agonía en el huerto de los Olivos.

Corazón agonizante de Jesús que dijiste a sus apóstoles: triste está mi alma hasta la muerte.

Corazón agonizante de Jesús, que fuiste sobrecogido de una mortal tristeza al prever la inutilidad de tus sufrimientos para un gran número de almas. Corazón agonizante de Jesús que has sido saciado de amargura por causa de nuestros pecados.

Corazón agonizante de Jesús que pediste tres veces a tu padre celestial alejase de ti el cáliz de tu pasión.

Corazón agonizante de Jesús, que has repetido tres veces esta oración: Padre mío, que se haga tu voluntad y no la mía.

Corazón agonizante de Jesús, que has hecho esta queja amorosa a tus apóstoles: ¡Cómo! ¿no has podido velar un ahora conmigo?

Corazón agonizante de Jesús, cubierto por la violencia del dolor y por el exceso de tu amor, con un sudor de sangre abundante, que empapó la tierra donde estaba prosternado.

Corazón agonizante de Jesús, abierto para los pobres pecadores.

Corazón agonizante de Jesús, abismo de misericordias.

Corazón agonizante de Jesús, que nunca te cansas de nuestros ruegos.

Corazón agonizante de Jesús, en el que esperamos contra toda esperanza.

Corazón agonizante de Jesús, nuestro asilo contra tu propia cólera.

tribunal de misericordia, al que podemos apelar en los decretos de tu justicia.

Corazón agonizante de Jesús, donde la justicia y la misericordia se han abrazado.

Corazón agonizante de Jesús, obediente hasta la muerte de cruz.

Corazón agonizante de Jesús, que has pagado por nuestras iniquidades.

Corazón agonizante de Jesús, que has convertido al ladrón crucificado a tu derecha.

Corazón agonizante de Jesús, que nos has prodigado tu dulzura.

Corazón agonizante de Jesús, al que en cambio hemos vuelto hiel y vinagre.

Corazón agonizante de Jesús, que has encomendado tu alma santísima en las manos de tu Padre.

Corazón agonizante de Jesús, víctima infinitamente agradable a tu Padre.

Corazón agonizante de Jesús, víctima a quien consumió el fuego de amor.

Corazón agonizante de Jesús, sacrificio perpetuo.

Corazón agonizante de Jesús, sacrificio que aplacas la justicia divina.

Corazón agonizante de Jesús, nuestra luz en la sombras de la muerte.

Corazón agonizante de Jesús, nuestra fuerza en el último combate. Corazón agonizante de Jesús, sacrificio perpetuo.

Corazón agonizante de Jesús, que aplacas la justicia divina.

Corazón agonizante de Jesús, nuestra luz en las sombras de la muerte

Corazón agonizante de Jesús, nuestra fuerza en el último combate.

Corazón agonizante de Jesús, dulce refugio y consuelo de los agonizantes.

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo. Perdónanos Señor.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo. Escúchanos Señor.

Cordero de Dios que quitas los pecados del mundo. Ten misericordia de nosotros Señor.

V. Corazón agonizante de Jesús, esperanza de los que mueren en ti.

R. Ten misericordia de los moribundos

Oración

¡Oh amantísimo Señor Jesús! Que has querido nacer, sufrir y morir por salvar a todos los hombres, es en nombre de todas las pobres almas que sufren en este instante y que sufrirán en el día de los combates de la agonía, que te suplicamos humildemente les concedas la gracia, por los dolores de tu Corazón agonizante, del arrepentimiento y del perdón. Dígnate, oh divino Salvador, escuchar esta almas que has rescatado con tu preciosísima sangre y que te claman por la intervención de sus hermanos en la fe. Es hacia Ti, Oh Corazón agonizante de Jesús, que vuelven nuestras miradas moribundas y la esperanza de nuestras almas en este día del último combate en que por la mañana no esperamos ver la tarde, y en la tarde no esperamos ver la mañana, en que todo es luto y abandono en torno nuestro; nuestros cuerpos caen en la disolución, nuestras almas están sobrecogidas de espanto, nuestros ojos ya nublados se fijan en tu imagen crucificada, Oh Jesús, y en la de tu Corazón herido por los pecadores… Vemos esta herida abierta para ofrecernos un asilo contra los enemigos de nuestra salvación… En ella buscamos nuestro refugio… ¡Oh Corazón lleno de compasión hacia nosotros! Sálvanos, ocúltanos a tu propia justicia, y no nos trates según nuestras iniquidades. Sálvanos, Señor, puesto que tu adorable nombre ha sido invocado sobre nosotros en el bautismo, por la Iglesia, tu santa esposa; no olvides que María, tu Madre, es también la nuestra; tu corazón y nuestros labios la han proclamado inmaculada y siempre Virgen. Danos la fe y la contrición que diste al buen ladrón; acepta nuestros dolores y nuestras angustias en unión a tu dolorosa agonía; dígnate oh misericordiosísimo Redentor del mundo, dejar caer sobre nuestras almas una gota de ese sudor divino que destiló de tu sagrado cuerpo en el huerto de los Olivos, y de la sangre preciosa que salió de tu santísimo corazón herido con la lanza en la cruz. La fuerza y la dulzura de este celestial licor lavará todas nuestras iniquidades, será el bálsamo divino que sanará nuestras llagas y nos reconciliará contigo. Oh Jesús; en fin, Oh Corazón agonizante de nuestro Salvador y de nuestro juez, atiende a nuestro deseos; que sostenidos por María, nuestra tierna madre, y por san José, nuestro poderos protector, tengamos la dicha de unirnos a ti por toda la eternidad. Amén.

viernes, 24 de enero de 2014

CORAZÓN DE JESÚS, GENEROSO PARA TODOS LOS QUE TE INVOCAN


CORAZÓN DE JESÚS, GENEROSO PARA TODOS LOS QUE TE INVOCAN

3 de agosto, 1986

1. Nos recogemos hoy durante la oración del Ángelus para recordarte, oh Madre de Cristo, el acontecimiento que tuvo lugar en Caná de Galilea.
Esto ocurrió al comienzo de la actividad mesiánica. Jesús había sido invitado, contigo y sus primeros discípulos, a las bodas. Y cuando faltó el vino, Tú, María, dijiste a Jesús: Hijo, "no tienen vino" (Jn 2,3).
Tú conocías su corazón. Sabías que es generoso para aquellos que lo invocan. Con tu oración en Caná de Galilea hiciste que el Corazón de Jesús se revelase en su generosidad.

2.Este es el Corazón generoso, puesto que en El habita efectivamente la plenitud. la plenitud de la divinidad habita en Cristo verdadero hombre: y Dios es amor.
Es generoso porque ama, y amar quiere decir prodigar, quiere decir dar. Amar quiere decir ser don. -Quiere decir ser para los demás ser para todos, ser para cada uno.
Para cada uno que llama. Llama a veces, incluso sin palabras. Llama por el hecho de poner al descubierto todo su verdad, y, en esta verdad, llama al amor.
La verdad tiene la fuerza de llamar al amor. Mediante la verdad todos aquellos que son "pobres de espíritu", que "tienen hambre y sed de justicia" que, ellos mismos, "son misericordiosos" tienen la fuerza de llamar al amor.
Todos ellos - y tantos otros más - tienen un maravilloso "poder" sobre el amor. Todos ellos hacen que el amor se comunique, se dé y se manifieste así la generosidad del corazón.
Entre todos ellos, Tú, María, eres la primera.

3. ¡Corazón de Jesús, generoso para todos lo que te invocan! Mediante esta generosidad el amor no se agota, sino que crece. Crece constantemente. Esta es la naturaleza misteriosa del amor. Y éste es también el misterio del Corazón de Jesús, que es generoso para con todos.
Se abre a todos y cada uno. Se abre completamente por sí mismo. Y en esta generosidad no se agota. La generosidad del Corazón da testimonio de que el amor no está sometido a las leyes de la muerte, sino a las leyes de la resurrección y la vida. Da testimonio de que el amor crece con el amor. Esta es su naturaleza.

4.De esta verdad sobre el amor dio testimonio en nuestros tiempos Pablo VI. Su corazón humano cesó de latir aquí, en Castelgandolfo, hace ocho años, en la fiesta de la Transfiguración del Señor.
Su humilde sucesor hace suya la misma verdad sobre el amor, que el difunto Pontífice proclamó con la palabra y con la vida hasta el final, invocando al Corazón divino.
Y por ello, pensando en el Papa Pablo VI, hoy, durante la oración del Ángelus, nos unimos de modo particular a Maria, y decimos: Corazón de Jesús, generoso para todos los que te invocan, acoge a tu siervo en tu eterna luz.

CORAZÓN DE JESÚS, DESPEDAZADO POR NUESTROS PECADOS



CORAZÓN DE JESÚS, DESPEDAZADO POR NUESTROS PECADOS

31 de agosto, 1986.

Jesús de Nazaret, el que durante la última Cena dijo: Esto es mi Cuerpo, que será entregado por vosotros... Este es el cáliz de mi Sangre derramada por vosotros".
Jesús: sacerdote fiel, que mediante su propia sangre entra en el tabernáculo eterno.
Jesús: sacerdote, que según el orden de Melquisedec nos deja Su sacrificio: haced esto. ¡Jesús - Corazón de Jesús!

2.Corazón de Jesús en Getsemaní, que "se entristece hasta la muerte" que siente el "peso" terrible. Cuando dice: "Todo te es posible: aleja de mi este cáliz" (Mc.14,36). El sabe, al mismo tiempo, cuál es la voluntad del Padre, y no desea otra cosa que cumplirla: derramar el cáliz hasta el fondo.
Corazón de Jesús, despedazado con la eterna sentencia: efectivamente, Dios ha amado tanto al mundo hasta dar su Hijo unigénito...

3.Tantos siglos antes lo había dicho Isaías:
Pero fue El ciertamente quien soportó nuestros sufrimientos y cargó con nuestros dolores, mientras que nosotros le tuvimos por castigado, herido por Dios y abatido", (Is 53,4), El se ha inmolado por nuestros delitos: y, sin embargo, ¿no decían en el Gólgota: "Si eres hijo de Dios, baja de esa cruz" (Mt 27,40) .

4.Así decían: Y, sin embargo, el Profeta sabía. Y, sin embargo, Isaías decía..., tantos siglos antes: Fue traspasado por nuestras iniquidades y molido por nuestros pecados... Todos nosotros andábamos errantes como ovejas, siguiendo cada uno su camino: Y Yavé cargó sobre El la iniquidad de todos nosotros... Fue arrancado de la tierra de los vivientes y herido de muerte por el crimen de su pueblo" (Is 53,5-8).

5. Corazón de Jesús, despedazado por nuestros pecados...
Los sufrimientos de la agonía abrazan gradualmente todo el cuerpo del Crucificado. Lentamente la muerte llega al corazón.
Jesús dice: "Todo está cumplido". " Padre, en tus manos entrego mi espíritu" (Lc 23,46).
¿Cómo iban a cumplirse las escrituras diversamente?
¿Cómo iban a cumplirse diversamente las palabras del Profeta que dice: "El Justo, mi Siervo, justificará a muchos... Se cumplirá por su medio la voluntad del Señor" (Is 53,11).
¡La voluntad del Padre! ¡No la mía, sino tu voluntad!

6.Nos hemos unido en la oración contigo, Madre de Cristo: contigo, que has participado en sus sufrimientos .. Tú nos conduces al Corazón de tu Hijo agonizante en la cruz: cuando en su despojamiento se revela hasta el fondo como Amor.
Oh Tú, que has participado en sus sufrimientos, permítenos perseverar siempre abrazando este misterio.
¡Madre del Redentor! ¡Acércanos al Corazón de tu Hijo!

martes, 5 de noviembre de 2013

CORAZÓN DE JESÚS, FUENTE DE TODO CONSUELO


CORAZÓN DE JESÚS, FUENTE DE TODO CONSUELO
13 de agosto, 1989

1- Dios, Creador del cielo y de la tierra, es también "el Dios de toda consolación" (2 Co 1,3; Rm 15,5). Numerosas páginas del Antiguo Testamento nos muestran a Dios que, en su gran ternura y compasión, consuela a su pueblo en la hora de la aflicción. Para confortar a Jerusalén, destruida y desolada, el Señor envía a sus profetas a llevar un mensaje de consuelo: "Consolad, consolad a mi pueblo... Hablad al corazón de Jerusalén y decidle bien alto que ya ha cumplido su milicia" (Is 40.1-2); y, dirigiéndose a Israel oprimido por el temor de sus enemigos, declara: "Yo, yo soy tu consolador" (Is 51,12); e incluso, comparándose con una madre llena de ternura hacia sus hijos, manifiesta su voluntad de llevar paz, gozo y consuelo a Jerusalén: "Alegraos, Jerusalén, y regocijaos por ella todos los que la amáis... de modo que os hartéis de sus consuelos... Como uno a quien su madre le consuela, así yo os consolaré, y por Jerusalén seréis consolados" (Is 66,10.11.13).

2.En Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, nuestro hermano, el "Dios-que-consuela" se hizo presente entre nosotros. Así lo indicó primeramente el justo Simeón, que tuvo la dicha de acoger entre sus brazos al niño Jesús y de ver en El realizada 9a consolación de Israel"(Lc 2,25). Y, en toda la vida de Cristo, la predicación del Reino fue un ministerio de consolación: anuncio de un alegre mensaje a los pobres, proclamación de libertad a los oprimidos, de curación a los enfermos, de gracia y de salvación a todos (Lc 4,16-211: Is 61,1-2).
Del Corazón de Cristo brotó esta tranquilizadora bienaventuranza: "Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados" (Mt 5,5), así como la tranquilizadora invitación: "Venid a mi todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso" (Mt 11,28).
La consolación que provenía del Corazón de Cristo era participación en el sufrimiento humano, voluntad de mitigar el ansia y aliviar la tristeza, y signo concreto de amistad. En sus palabras y en sus gestos de consolación se unían admirablemente la riqueza del sentimiento y la eficacia de la acción. Cuando, cerca de la puerta de la ciudad de Naím, vio a una viuda que acompañaba al sepulcro a su hijo único. Jesús compartió su dolor: "Tuvo compasión de ella" (Lc 7,13), tocó el féretro, ordenó al joven que se levantara y lo restituyó a su madre (Lc. 7,14-15).

3.El Corazón del Salvador es también, más aún, principalmente "fuente de consuelo" porque Cristo, juntamente con el Padre, dona el Espíritu Consolador: "Yo pediré al Padre y os dará otro Consolador para que esté con vosotros para siempre" (Jn 14,16: 14,25; 16,12): Espíritu de verdad y de paz, de concordia y de suavidad de alivio y de consuelo: Espíritu que brota de la Pascua de Cristo (Jn 19,28-34) y del evento de Pentecostés (Hch 2,1-13).

4.Toda la vida de Cristo fue por ello un continuo ministerio de misericordia y de consolación. La Iglesia, contemplando el Corazón de Cristo y las fuentes de gracia y de consolación que de El manan, ha expresado esta realidad estupenda con la invocación: "Corazón de Cristo, fuente de todo consuelo, ten piedad de nosotros"
Esta invocación es recuerdo de la fuente de la que, a lo largo de los siglos, la Iglesia ha recibido consolación y esperanza en la hora de la prueba y de la persecución; es invitación a buscar en el Corazón de Cristo la consolación verdadero, duradera y eficaz; es advertencia para que, tras haber experimentado la consolación del Señor, nos convirtamos también nosotros en convencidos y conmovidos portadores de ella, haciendo nuestra la experiencia espiritual que hizo decir al Apóstol Pablo: el Señor "nos consuela en toda tribulación nuestra para poder consolar a los que están en toda tribulación, mediante el consuelo con que nosotros somos consolados por Dios" (2 Co 1,4).

Pidamos a María, Consoladora de los afligidos, que, en los momentos oscuros de tristeza y angustia, nos guíe a Jesús, su Hijo amado, "fuente de todo consuelo".

martes, 8 de octubre de 2013

CORAZÓN DE JESÚS, LLENO DE BONDAD Y DE AMOR


Corazón de Jesús, Lleno de Bondad y de Amor

21 de julio, 1985

Deseamos, en nuestra plegaria del Ángelus, dirigirnos al Corazón de Cristo, siguiendo las palabras de las letanías. Deseamos hablar al Corazón del Hijo mediante el Corazón de la Madre. ¿Qué puede haber más bello que el coloquio de estos dos corazones? Queremos participar en él.

2. El Corazón de Jesús es "horno ardiente de caridad", porque el amor posee algo de la naturaleza del fuego, que arde y quema para iluminar y calentar. Al mismo tiempo, en el sacrificio del Calvario el corazón del Redentor no fue aniquilado con el fuego del sufrimiento. Aunque humanamente muerto, como constató el centurión Romano cuando traspaso el costado de Cristo con la lanza, en la economía divina de la salvación este Corazón quedó vivo, como manifestó la Resurrección.

3. He aquí que el Corazón vivo del Redentor resucitado y glorificado, lleno de bondad y de amor": infinita y sobreabundantemente lleno. El rebosar del corazón humano alcanza en Cristo la medida divina. Así fue este Corazón ya durante los días de la vida terrena. Lo testimonia cuanto está narrado en el Evangelio. La plenitud del amor se manifiesta a través de la bondad: a través de la bondad irradiaba y se difundía sobre todos, en primer lugar sobre los que sufren y los pobres. Sobre todos según sus necesidades y expectativas más verdaderas. Así es el Corazón humano del Hijo de Dios, incluso después de la experiencia de la cruz y del sacrificio. Mejor dicho, todavía más: rebosante de amor y de bondad.

4. En el momento de la Anunciación comenzó el coloquio del Corazón de la Madre con el Corazón del Hijo. Nos unimos hoy a este coloquio, meditando el misterio de la Encarnación en la plegaria del Ángelus.

Autor: Juan Pablo II 

viernes, 20 de septiembre de 2013

CORAZÓN DE JESÚS, EN QUIEN ESTÁN TODOS LOS TESOROS DE LA SABIDURÍA Y DE LA CIENCIA


Corazón de Jesús , en quien están todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia.

1 de septiembre, 1985

1. Esta invocación de las Letanías del Sagrado Corazón, tomada de la Carta a los Colosenses (2,3), nos hace comprender la necesidad de ir al Corazón de Cristo para entrar en la plenitud de Dios.

2. La ciencia, de la que se habla, no es la ciencia que hincha (1 Co 8,2), fundada en el poder humano. Es sabiduría divina, un misterio escondido durante siglos en la mente de Dios, Creador del universo (Ef 3,9). Es una ciencia nueva, escondida a los sabios y a los entendidos del mundo, pero revelada a los pequeños (Mt 11,25), ricos en humildad, sencillez, pureza de corazón. Esta ciencia y esta sabiduría consisten en conocer el misterio de Dios invisible, que llama a los hombres a ser partícipes de su divina naturaleza y los admite a la comunión con El.

3. Nosotros sabemos estas cosas porque Dios mismo se ha dignado revelárnoslas por medio del Hijo, que es sabiduría de Dios (1 Co 1,24).

Todas las cosas que hay en la tierra y en los cielos, han sido creadas por medio de El y para El (Col 1,16). La sabiduría de Cristo es más grande que la de Salomón (Lc 11,31). Sus riquezas son inescrutables (Ef 3,8). Su amor sobrepasa todo conocimiento. Pero con la fe somos capaces de comprender, juntamente con todos los santos, su anchura, su largura, altitud y profundidad (Ef 3, 18). Al conocer a Jesús, conocemos también a Dios. El que le ve a El, ve al Padre (Jn 14,9). Con El apareció el amor de Dios en nuestros corazones (Rm 5,5).

4. La ciencia humana es como el agua de nuestros fuentes: quien la bebe, vuelve a tener sed. La sabiduría y la ciencia de Jesús, en cambio, abren los ojos de la mente, mueven el corazón en la profundidad del ser y engendran al hombre en el amor trascendente; liberan de las tinieblas del error, de las manchas del pecado, del peligro de la muerte, y conducen a la plenitud de la comunión de esos bienes divinos, que trascienden la comprensión de la mente humana (Dei Verbum,6).

5. Con la sabiduría y la ciencia de Jesús, nos arraigamos, y fundamentamos en la caridad (Ef 3,17). Se crea el hombre nuevo, interior, que pone a Dios en el centro de su vida y a sí mismo al servicio de los hermanos. Es el grado de perfección que alcanza María, Madre de Jesús y Madre nuestra: ejemplo único de criatura nueva, enriquecida con la plenitud de gracia y dispuesta a cumplir la voluntad de Dios" "He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra". Y por esto, nosotros la invocamos como "Trono de la Sabiduría". Al rezar el Ángelus, pidámosle que nos haga como Ella y como su Hijo.

CORAZÓN DE JESÚS, HECHO OBEDIENTE HASTA LA MUERTE


CORAZÓN DE JESÚS, HECHO OBEDIENTE HASTA LA MUERTE

23 de julio, 1989.

1.Queridos hermanos y hermanas: esta invocación de las Letanías del Sagrado Corazón nos invita hoy a contemplar el Corazón de Cristo obediente. Toda la vida de Jesús está bajo el signo de una perfecta obediencia a la voluntad del Padre, suprema y coeterna fuente de su ser ( Jn 1,1-2): uno solo es su poder y su gloria, una sola su sabiduría; es reciproco su infinito -amor. Por esta comunión de vida y de amor, el Hijo se adhiere plenamente al proyecto del Padre, que quiere la salvación del hombre mediante el hombre: en la "plenitud de los tiempos" nace de la Virgen Madre (Gal 4,4) con un corazón obediente, para reparar el daño causado al género humano por el corazón desobediente de los primeros padres.
Por esto, al entrar en el mundo Cristo dice: "He aquí que vengo... a hacer, oh Dios, tu voluntad" (Hb 10,7). "¡Obediencia" es el nuevo nombre del "amor"

2. Los Evangelios nos muestran a Jesús, en el transcurso de su vida, siempre dedicado a hacer la voluntad del Padre. A María y José, que durante tres días, afligidos, lo hablan buscado, Jesús, que tenia doce años, les responde: "¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debla estar en la casa de mi Padre? (Lc 2,49). Toda su existencia está dominada por este "yo debo" que determina sus opciones y guía su actividad. A los discípulos dirá un día: "Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a cabo su obra" (Jn 4,34); y les enseñara a orar así: "Padre Nuestro... hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo" (Mt 6, 10).

3.Jesús obedece hasta la muerte (Flp 2,8), aunque nada le resulte tan radicalmente opuesto como la muerte, ya que El es la fuente misma de la vida (Jn 11,25-26).
En aquellas horas trágicas le sobrevienen, inquietantes, el desconsuelo y la angustia ( Mt 26,37), el miedo y la turbación ( Mc 14,33), el sudor de sangre y las lágrimas (Lc 22,44). Luego, en la cruz, el dolor desgarra su cuerpo traspasado. La amargura - del rechazo, de la traición, de la ingratitud -, llena su Corazón. Pero sobre todo domina la paz de la obediencia. "No se haga mi voluntad, sino la tuya" (Lc 22,42). Jesús recoge las fuerzas extremas y, casi sintetizando su vida, pronuncia la última palabra: "Todo está cumplido" (En 19,30).

4.Al alba, al mediodía y al atardecer de la vida de Jesús,, late en su corazón un solo deseo: hacer la voluntad del Padre. Contemplando esta vida, unificada por la obediencia filial al Padre, comprendemos la palabra del Apóstol: Por la obediencia de uno solo todos serán constituidos justos" (Rm 5,19), y la otra, misteriosa y profunda, de la Carta a los Hebreos: "Aun siendo Hijo, con lo que padeció experimentó la obediencia: y llegado a la perfección, se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le obedecen" (5,8-9).
Que María Santísima, la Virgen del "hágase" tembloroso y generoso, nos ayude también a nosotros a "Aprender" esta lección fundamental.

autor: Juan Pablo II

viernes, 30 de agosto de 2013

CORAZÓN DE JESÚS, ESPERANZA DE LOS QUE EN TI MUEREN


CORAZÓN DE JESÚS, ESPERANZA DE LOS QUE EN TI MUEREN

5 de noviembre, 1989

Amadísimos hermanos y hermanos:

1.La reciente conmemoración de todos los fíeles difuntos nos invita hoy a contemplar, bojo una luz de fe y de esperanza, la muerte del cristiano, para la que las letanías del Sagrado Corazón -objeto de nuestras reflexiones en anteriores encuentros dominicales -nos ponen en los labios la invocación: "Corazón de Jesús, esperanza de los que en ti mueren, ten misericordia de nosotros".
La muerte forma parte de la condición humana: es el momento terminal de la fase histórica de la vida. En la concepción cristiano, la muerte es un paso: de la luz creada a la luz increada, de la vida temporal a la vida eterna.
Ahora bien, si el Corazón de Cristo es la fuente de la que el cristiano recibe luz y energía para vivir como hijo de Dios, ¿a qué otra fuente se dirigid para sacar la fuerza necesaria para morir de modo coherente con su fe? Como "vive en Cristo", así no puede menos de "morir en Cristo".
La invocación de las letanías recoge la experiencia cristiana ante el acontecimiento de la muerte: el Corazón de Cristo, su amor y su misericordia, son esperanza y seguridad para quien muere en EL.

2.Pero conviene que nos detengamos un momento a preguntamos: ¿Qué significa "morir en Cristo"? Significa ante todo, amadísimos hermanos y hermanas, leer el evento desgarrador y misterioso de la muerte a la luz de la enseñanza del Hijo de Dios y verlo, por ello, como el momento de la partida hacia la casa del Padre, donde Jesús, pasando también El a través de la muerte, ha ido a preparamos un lugar (Jn 14,2); es decir significa creer que, a pesar de la destrucción de nuestro cuerpo, la muerte es premisa de vida y de fruto abundante ( Jn 12,24).
"Morir en Cristo" significa, además, confiar en Cristo y abandonarse totalmente a El, poniendo en sus manos - de hermano, de amigo, de buen Pastor - el propio destino, así como El, muriendo, puso su espíritu en las manos del Padre (L.c. 23,46). Significa cerrar los ojos a la luz de este mundo en la paz, en la amistad, en la comunión con Jesús, porque nada, "ni la muerte ni la vida... podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro" (Rm 8,38-39). En aquella hora suprema, el cristiano sabe que, aunque el corazón le reproche algunas culpas, el Corazón de Cristo es más grande que el suyo y puede borrar toda su deuda si él está arrepentido (1 Jn 3,20).

3."Morir en Cristo" significa también, queridos hermanos y hermanas, fortificarse para aquel momento decisivo con los "signos santos" del "paso pascual": el sacramento de la Penitencia, que nos reconcilia con el Padre y con todas las criaturas; el santo Viático, Pan de vida y medicina de inmortalidad; y la Unción de los enfermos, que da vigor al cuerpo y al espíritu para el combate supremo.

"Morir en Cristo" significa finalmente, "morir como Cristo": orando y perdonando, teniendo junto a si a la bienaventurada Virgen. Como madre, Ella estuvo junto a la cruz de su Hijo (Jn 19,25); como madre está al lado de sus hijos moribundos, Ella que, con el sacrificio de su corazón, cooperó a engendrarlos a la vida de la gracia (Lumen Gentium, 53); está al lado de ellos, presencia. compasivo y materno, para que del sufrimiento de la muerte nazcan a la vida de la gloria.

CORAZÓN DE JESÚS, SALVACIÓN DE LOS QUE EN TI ESPERAN


CORAZÓN DE JESÚS, SALVACIÓN DE LOS QUE EN TI ESPERAN

17 de septiembre, 1989

Amadísimos hermanos y hermanas!

1.A esta hora del Ángelus detengámonos durante algunos instantes para reflexionar sobre esa invocación de las letanías del Sagrado Corazón que dice: "Corazón de Jesús, salvación de los que en ti esperan, ten misericordia de nosotros".
En la Sagrada Escritura aparece constantemente la afirmación según la cual el Señor es "un Dios que salva" (Ex 15,2; Sal 51,16; 79,9; Is 46,13) y la salvación es un don gratuito de su amor y de su misericordia. El Apóstol Pablo, en un texto de alto valor doctrinal, afirma incisivamente: Dios "quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad" (1 Tm 2,4;4,10).
Esta voluntad salvífica, que se ha manifestado en tantas intervenciones admirables de Dios en la historia, ha alcanzado su culmen en Jesús de Nazaret, Verbo Encarnado, Hijo de Dios e Hijo de María, pues en El se ha cumplido con plenitud la palabra dirigida por el Señor a su "Siervo". "Te voy a poner por luz de las gentes, para que mi salvación alcance hasta los confines de la tierra" (Is 49,6; Lc. 2,32).

2.Jesús es la epifanía del amor salvífico del Padre (Tt 2,11; 3,4). Cuando Simeón tomó en sus brazos al niño Jesús, exclamó: "han visto mis ojos tu salvación" (Mc 2,30).
En efecto, en Jesús todo está en función de su mis¡ 1 de Salvador: el nombre que lleva ("Jesús" significa "Dios salva", las palabras que pronuncia, las acciones que realiza y los sacramentos que instituye.
Jesús es plenamente consciente de la misión que el Padre le ha confiado: "el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido" (Lc. 19 ,10). De su corazón, es decir, del núcleo más intimo de su ser, brota ese celo por la salvación del hombre que lo impulsa a subir, como manso cordero, al monte del Calvario, a extender sus brazos en la cruz y a dar su vida como rescate por muchos" (Mc 10,45).
En el Corazón de Cristo podernos, por tanto, colocar nuestra esperanza. Ese Corazón dice la invocación es salvación "para los que esperan en El". El Señor mismo que, la víspera de su pasión, pidió a los Apóstoles que tuvieran confianza en El - "No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios; creed también en mi"(Jn 14,1) - hoy nos pide a nosotros que confiemos plenamente en EL: nos lo pide porque nos urna; porque, para nuestra salvación, tiene su Corazón traspasado y sus pies y manos perforados. Quien confía en Cristo y cree en el poder de su amor renueva en sí la experiencia de María Magdalena, como nos la presento la liturgia pascual: "Cristo, esperanza mía, ha resucitado" (Domingo de Pascua, Secuencia).
¡Refugiémonos, por consiguiente, en el Corazón de Cristo! El nos ofrece una Palabra que no pasa (Mt 24,25), un amor que no desfallece, una amistad que no se resquebraja.. una presencia que no cesa (Mt 28,20)!

Que la Bienaventurada Virgen, que acogió en su Corazón Inmaculado al Verbo de Dios y mereció concebirlo en su seno virginal (Prefacio de la Misa votiva de la Bienaventurada Virgen Moría Madre de la Iglesia) nos enseñe a poner en el corazón de su Hijo nuestra total esperanza, con la certeza de que ésta no quedará defraudada.

viernes, 23 de agosto de 2013

CORAZÓN DE JESÚS, PAZ Y RECONCILIACIÓN NUESTRA



CORAZÓN DE JESÚS, PAZ Y RECONCILIACIÓN NUESTRA

3 de Septiembre, 1989

1. Queridos hermanos y hermanas: Rezando con fe esta hermosa invocación de las letanías del Sagrado Corazón, un sentimiento de confianza y de seguridad se difunde en nuestro espíritu: Jesús es de verdad nuestra paz, nuestra suprema reconciliación.
Jesús es nuestra paz. Es bien conocido el significado bíblico del término "paz": indica, en síntesis, la suma de los bienes que Jesús, el Mesías, ha traído, a los hombres. Por esto, el don de la paz marca el inicio de su misión sobre la tierra, acompaña su desarrollo y constituye su coronamiento. "Paz" cantan los ángeles junto al pesebre del recién nacido "Príncipe de la Paz" (Lc. 2,14; Is 9,5). "Paz" es el deseo que brota del Corazón de Cristo, conmovido ante la miseria del hombre enfermo en el cuerpo (Lc. 8,48)o en el espíritu (Lc. 7,50). "Paz" es el saludo luminoso del Resucitado a sus discípulos (Lc. 24,36; Jn 20,19.26), que El, en el momento de dejar esta tierra, confía a la acción del Espíritu, manantial de "amor, alegría, paz" (Gal 5,22).

2.Jesús es, al mismo tiempo, nuestra reconciliación. Como consecuencia del pecado se produjo una profunda y misteriosa fractura entre Dios, el Creador, y el hombre, su criatura. Toda la historia de la salvación no es más que la narración admirable de las intervenciones de Dios en favor del hombre a fin de que éste, en la libertad y en el amor, vuelva a El; a fin de que a la situación de fractura suceda una situación de reconciliación y de amistad, de comunión y de paz.
En el Corazón de Cristo, lleno de amor hacia el Padre y hacia los hombres, sus hermanos, tuvo lugar la perfecta reconciliación entre el cielo y la tierra: Fuimos reconciliados con Dios - dice el Apóstol - por la muerte de su Hijo" (Rom 5,10).
Quien quiera hacer la experiencia de la reconciliación y de la paz, debe acoger la invitación del Señor y acudir a El (Mt 11,28). En su Corazón encontrará paz y descanso; allí, su duda se transformará en certidumbre; el ansia, en quietud; la tristeza, en gozo; la turbación, en serenidad. Allí encontrará alivio al dolor, valor para superar el miedo, generosidad para no rendirse al envilecimiento y para volver a tomar el camino de la esperanza.

3. El Corazón de la Madre es en todo semejante al Corazón del Hijo. También la Bienaventurada Vírgen es para la Iglesia una presencia de paz y de reconciliación: ¿ No es Ella quien, por medio del, ángel Gabriel, recibió el mayor mensaje de reconciliación y de paz que Dios haya jamás enviado al género humano (Lc. 1,26-38)?
María dio a luz a Aquel que es nuestra reconciliación; Ella estaba al pie de la cruz cuando, en la sangre del Hijo Dios reconcilió "con El todas las cosas" (Col 1,20); ahora, glorificada en el cielo, tiene - como recuerda una plegaria litúrgica - "un corazón lleno de misericordia hacia los pecadores, que, volviendo la mirado a su caridad materna, en Ella se refugian e imploran el perdón" de Dios (Misal Prefacio De Beata María Virgine).

Que María, Reina de la Paz, nos obtenga de Cristo el don mesiánico de la paz y la gracia de la reconciliación, plena y perenne, con Dios y con los hermanos. Por esto la imploramos.


Papa Juan Pablo II 

CORAZÓN DE JESÚS, ESPERANZA DE LOS QUE EN TI MUEREN


CORAZÓN DE JESÚS, ESPERANZA DE LOS QUE EN TI MUEREN

5 de noviembre, 1989

Amadísimos hermanos y hermanos:

1.La reciente conmemoración de todos los fíeles difuntos nos invita hoy a contemplar, bojo una luz de fe y de esperanza, la muerte del cristiano, para la que las letanías del Sagrado Corazón -objeto de nuestras reflexiones en anteriores encuentros dominicales -nos ponen en los labios la invocación: "Corazón de Jesús, esperanza de los que en ti mueren, ten misericordia de nosotros".
La muerte forma parte de la condición humana: es el momento terminal de la fase histórica de la vida. En la concepción cristiano, la muerte es un paso: de la luz creada a la luz increada, de la vida temporal a la vida eterna.
Ahora bien, si el Corazón de Cristo es la fuente de la que el cristiano recibe luz y energía para vivir como hijo de Dios, ¿a qué otra fuente se dirigid para sacar la fuerza necesaria para morir de modo coherente con su fe? Como "vive en Cristo", así no puede menos de "morir en Cristo".
La invocación de las letanías recoge la experiencia cristiana ante el acontecimiento de la muerte: el Corazón de Cristo, su amor y su misericordia, son esperanza y seguridad para quien muere en EL.

2.Pero conviene que nos detengamos un momento a preguntamos: ¿Qué significa "morir en Cristo"? Significa ante todo, amadísimos hermanos y hermanas, leer el evento desgarrador y misterioso de la muerte a la luz de la enseñanza del Hijo de Dios y verlo, por ello, como el momento de la partida hacia la casa del Padre, donde Jesús, pasando también El a través de la muerte, ha ido a preparamos un lugar (Jn 14,2); es decir significa creer que, a pesar de la destrucción de nuestro cuerpo, la muerte es premisa de vida y de fruto abundante ( Jn 12,24).
"Morir en Cristo" significa, además, confiar en Cristo y abandonarse totalmente a El, poniendo en sus manos - de hermano, de amigo, de buen Pastor - el propio destino, así como El, muriendo, puso su espíritu en las manos del Padre (L.c. 23,46). Significa cerrar los ojos a la luz de este mundo en la paz, en la amistad, en la comunión con Jesús, porque nada, "ni la muerte ni la vida... podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro" (Rm 8,38-39). En aquella hora suprema, el cristiano sabe que, aunque el corazón le reproche algunas culpas, el Corazón de Cristo es más grande que el suyo y puede borrar toda su deuda si él está arrepentido (1 Jn 3,20).

3."Morir en Cristo" significa también, queridos hermanos y hermanas, fortificarse para aquel momento decisivo con los "signos santos" del "paso pascual": el sacramento de la Penitencia, que nos reconcilia con el Padre y con todas las criaturas; el santo Viático, Pan de vida y medicina de inmortalidad; y la Unción de los enfermos, que da vigor al cuerpo y al espíritu para el combate supremo.

"Morir en Cristo" significa finalmente, "morir como Cristo": orando y perdonando, teniendo junto a si a la bienaventurada Virgen. Como madre, Ella estuvo junto a la cruz de su Hijo (Jn 19,25); como madre está al lado de sus hijos moribundos, Ella que, con el sacrificio de su corazón, cooperó a engendrarlos a la vida de la gracia (Lumen Gentium, 53); está al lado de ellos, presencia. compasivo y materno, para que del sufrimiento de la muerte nazcan a la vida de la gloria.

Papa Juan Pablo II

CORAZÓN DE JESÚS: PERFORADO POR UNA LANZA



CORAZÓN DE JESÚS, PERFORADO POR UNA LANZA
30 de Julio, 1989

1. Pocas páginas del Evangelio a lo largo de los siglos han atraído la atención de los místicos, de los escritores espirituales y de los teólogos tanto como el pasaje del Evangelio de San Juan que nos narra la muerte gloriosa de Cristo y la escena en que le atraviesan el costado (En 19,23-37). En esa página se inspira la invocación de las Letanías, que he recordado hace un momento.
En el Corazón atravesado contemplamos la obediencia filial de Jesús al Padre, cuya misión El realizó con valentía ( Jn 19,30) y su amor fraterno hacia los hombres a quienes El "amó hasta el extremo" (Jn 13,1), es decir, hasta el extremo sacrificio de Si mismo. El Corazón atravesado de Jesús es el signo de la totalidad de este amor en dirección vertical y horizontal, como los dos brazos de la cruz.

2.El Corazón atravesado es también el símbolo de la vida nueva, dada a los hombres mediante el Espíritu y los sacramentos. En cuanto el soldado le dio el golpe de gracia, del costado herido de Cristo "al instante salió sangre y agua" (Jn 19,34). La lanzada atestigua la realidad de la muerte de Cristo. El murió verdaderamente, como había nacido verdaderamente y como resucitará verdaderamente en su misma carne (Jn 20,24.27). Contra toda tentación antigua o moderna de docetismo, de ceder a la "apariencia" el Evangelista nos recuerda a todos la cruda certeza de la realidad. Pero al mismo tiempo tiende a profundizar el significado del acontecimiento salvífico y a expresarlo a través del símbolo. El, por tanto, en el episodio de la lanzada, ve un profundo significado: como de la roca golpeada por Moisés brotó en el desierto un manantial de agua ( Nm 20,8-11), así del costado de Cristo, herido por la lanza, brotó un torrente de agua para saciar la sed del nuevo pueblo de Dios. Este torrente es el don del Espíritu, (Jn 7,37-39), que alimenta en nosotros la vida divina.

3.Finalmente, del Corazón atravesado de Cristo brota la Iglesia. Como del costado de Adán que dormía fue extraída Eva, su esposa, así - según una tradición patrística que se remonta a los primeros siglos -, del costado abierto del Salvador, que dormía sobre la cruz en el sueño de la muerte, fue extraída la Iglesia, su esposa. Esta se forma precisamente del agua y de la sangre, - Bautismo y Eucaristía -, que brotan del Corazón traspasado. Por eso, con razón afirma la Constitución conciliar sobre la liturgia: "Del costado de Cristo dormido en la cruz nació el sacramento admirable de la Iglesia entera" (Sacrosanctum Concilium, 5).

4. "Junto a la cruz, advierte el Evangelista, se encontraba "la Madre de Jesús (Jn 19,25). Ella vio el Corazón abierto del que fluían sangre y agua - sangre tomada de su sangre -, y comprendió que ¿a sangre del Hijo era derramada por nuestra salvación. Entonces comprendió hasta el fondo el significado de las palabras que el Hijo le había dirigido poco antes: "Mujer, he ahí a tu hijo" (Jn 19,26): la Iglesia que brotaba del Corazón atravesado era confiada a sus cuidados de Madre.

Pidamos a María que nos guié a sacar cada vez más abundantemente el agua de los manantiales de gracia que fluyen del Corazón atravesado de Cristo.

miércoles, 7 de agosto de 2013

Corazón de Jesús Rey y Centro de todos los corazones


11 -Corazón de Jesús Rey y Centro de todos los corazones

25 de agosto,1985

"Corazón de Jesús, Rey y centro de todos los corazones".
1. Jesucristo es rey de los corazones. Sabemos que durante su actividad mesiánica en Palestina el pueblo, al ver los signos que hacia, quiso proclamarlo rey.
Veía en Cristo un justo heredero de David, que durante su reino llevó a Israel al culmen del esplendor.

2. Sabemos también que ante el tribunal de Pilato Jesús de Nazaret a la pregunta: ¿Tú eres rey ... ? respondió:"Mi reino no es de este mundo... Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz"(Jn 18,33. 36-37).

3. En este mundo Cristo es rey de los corazones. Nunca quiso ser soberano temporal, ni siquiera sobre el trono de David.Sólo deseó ese reino que no es de este mundo y que, al mismo tiempo, en este mundo se arraiga por medio de la verdad en los corazones humanos: en el hombre interior.
Por este reino anunció el Evangelio e hizo grandes signos. Por este reino, el reino de los hijos y de las hijas adoptivos de Dios, dio su vida en la cruz.

4. Y confirmó de nuevo este reino con su resurrección, dando el Espíritu Santo a los Apóstoles y a los hombres en la Iglesia.
De este modo Jesucristo es el rey y centro de todos los corazones.
Reunidos en El por medio de la verdad, nos acercamos a la unión del reino, donde Dios "enjugará toda lágrima" (Ap 7,17), porque sera "todo en todos" (1 Co 15,28).

5. Hoy, reunidos para la acostumbrada plegaria dominical del Ángelus Domini, elevamos - juntamente con la Madre de Dios - al Corazón de su Hijo la invocación: "Corazón de Jesús, rey y centro de todos los corazones, ten piedad de mí".
Que el Corazón Inmaculado de María guíe nuestra oración, al cual hoy es de acción de gracias al Señor por el reciente viaje apostólico África.

Doy las gracias cordialmente, por la acogida que me han dispensado, a los Presidentes de los distintos países, a los obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y a las buenas poblaciones africanas. 
Vayan a todos la expresión de mi viva gratitud.


Papa Juan Pablo II

martes, 25 de junio de 2013

10.- CORAZÓN DE JESÚS, DIGNÍSIMO DE TODA ALABANZA

 Sagrado Corazòn de Jesùs

10.- Corazón de Jesús, Dignísimo de toda Alabanza

4 de agosto, 1985


1. Queridos hermanos y hermanas: Nos encontramos reunidos para venerar el momento único en la historia del universo en el que Dios-Hijo se hace hombre bajo el Corazón de la Virgen de Nazaret. Es el momento de la Anunciación que refleja la oración del Ángelus "Concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, a quien podrás por nombre Jesús. El será... llamado Hijo del Altísimo" (Lc 1,31-32).

María dice: "Hágase en mí según tu palabra" (Lc 1,38). Y desde aquel momento su Corazón se prepara a acoger al Dios-Hombre: ¡"Corazón de Jesús dignísimo de toda alabanza".

2. Nos unimos con la Madre de Dios para adorar a este Corazón del Hombre que, mediante el misterio de la unión hipostática (unión de las dos naturalezas), es al mismo tiempo el Corazón de Dios. Tributamos a Dios la adoración debida al Corazón de Cristo Jesús, desde el primer momento de su concepción en el seno de la Virgen.

Junto con María le tributamos la misma adoración en el momento del nacimiento: cuando vino al mundo en la extrema pobreza de Belén. Le tributamos la misma adoración, junto con María, durante todos los días y los años de su vida oculta en Nazaret, durante todos los días y los años en los que cumple su servicio mesiánico en Israel.

Y cuando llega el tiempo de la pasión, del despojamiento, de la humillación y del oprobio de la cruz, nos unimos todavía más ardientemente al Corazón de la Madre para gritar: ¡"Corazón de Jesús.. dignísimo de toda alabanza". Sí, ¡Dignísimo de toda alabanza precisamente este oprobio y humillación! En efecto, es entonces que el Redentor alcanza el cúlmen del amor de Dios. ¡Y el Amor es digno de toda alabanza! Nosotros "no nos gloriaremos a no ser en la Cruz de nuestro Señor Jesucristo" (cf. Ga 6,14), escribirá San Pablo, mientras San Juan enseña: "Dios es amor" (1 Jn 4,8).

3. Jesucristo está en la gloria de Dios Padre. De esta gloria rodeó el Padre, en el Espíritu Santo, el Corazón de su Hijo glorificado. Esta gloria anuncia en los siglos, la asunción al cielo del Corazón de su Madre. Y todos nosotros nos unimos con Ella para confesar: "Corazón Jesús, Dignísimo de toda Alabanza, ten misericordia de nosotros". 

Autor: Papa Juan Pablo II
 

9.- CORAZÓN DE JESÚS, ABISMO DE TODAS LAS VIRTUDES

 Sagrado Corazòn de Jesùs

9.- Corazón de Jesús, Abismo de todas las Virtudes

28 de julio, 1985

Bajo el Corazón de la Madre fue concebido el Hombre. El Hijo de Dios fue concebido como Hombre. Para venerar el momento de esta concepción, es decir, el misterio de la Encarnación, nos unimos en la plegaria del Ángelus. Bajo la luz del momento de la concepción, bajo la luz del misterio de la Encarnación miramos toda la vida de Jesús, nacido de María. Siguiendo las invocaciones de las Letanías, tratamos de describir en cierto sentido esta vida desde el interior: a través del Corazón.

2. El corazón decide de la profundidad del hombre. Y, en todo caso, indica la medida de esa profundidad, tanto en la experiencia interior de cada uno de nosotros, como en la comunicación interhumana. La profundidad de Jesucristo, indicada con la medida de su Corazón, es incomparable. Supera la profundidad de cualquier otro hombre, porque no es solamente humana, sino al mismo tiempo divina.

3. Esta divina-humana profundidad del Corazón de Jesús es la profundidad de las virtudes: de todas las virtudes. Como un verdadero hombre Jesús expresa el lenguaje interior de su Corazón mediante las virtudes. En efecto, analizando su conducta se pueden descubrir e identificar todas estas virtudes, como históricamente emergen del conocimiento de la moral humana: las virtudes cardinales (prudencia, justicia, fortaleza y templanza) y las otras que derivan de ellas. (Estas virtudes las han poseído en grado elevado los santos y, si bien siempre con la gracia divina, los grandes genios del ethos humano).

4. La invocación de las Letanías habla de forma muy bella de un "abismo" de las virtudes de Jesús. Este abismo, esta profundidad, significa un grado especial de la perfección de cada una de las virtudes y su poder particular. Esta profundidad y poder de cada una de las virtudes proviene del amor. Cuanto más enraizadas están en el amor todas las virtudes, tanto mayor es su profundidad.

Hay que añadir que, además del amor, también la humildad decide la profundidad de las virtudes, Jesús dijo: "Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón" (Mt 11,29).

5. Al recitar el Ángelus, recemos a María para que nos acerque cada vez más al Corazón de su Hijo; para que nos ayude a aprender de El, sus propias virtudes.

Autor: Papa Juan Pablo II
 


8.- CORAZÓN DE JESÚS, LLENO DE BONDAD Y DE AMOR

 Sagrado Corazòn de Jesùs

8.- Corazón de Jesús, Lleno de Bondad y de Amor

21 de julio, 1985


Deseamos, en nuestra plegaria del Ángelus, dirigirnos al Corazón de Cristo, siguiendo las palabras de las letanías. Deseamos hablar al Corazón del Hijo mediante el Corazón de la Madre. ¿Qué puede haber más bello que el coloquio de estos dos corazones? Queremos participar en él.

2. El Corazón de Jesús es "horno ardiente de caridad", porque el amor posee algo de la naturaleza del fuego, que arde y quema para iluminar y calentar. Al mismo tiempo, en el sacrificio del Calvario el corazón del Redentor no fue aniquilado con el fuego del sufrimiento. Aunque humanamente muerto, como constató el centurión Romano cuando traspaso el costado de Cristo con la lanza, en la economía divina de la salvación este Corazón quedó vivo, como manifestó la Resurrección.

3. He aquí que el Corazón vivo del Redentor resucitado y glorificado, lleno de bondad y de amor": infinita y sobreabundantemente lleno. El rebosar del corazón humano alcanza en Cristo la medida divina. Así fue este Corazón ya durante los días de la vida terrena. Lo testimonia cuanto está narrado en el Evangelio. La plenitud del amor se manifiesta a través de la bondad: a través de la bondad irradiaba y se difundía sobre todos, en primer lugar sobre los que sufren y los pobres. Sobre todos según sus necesidades y expectativas más verdaderas. Así es el Corazón humano del Hijo de Dios, incluso después de la experiencia de la cruz y del sacrificio. Mejor dicho, todavía más: rebosante de amor y de bondad.

4. En el momento de la Anunciación comenzó el coloquio del Corazón de la Madre con el Corazón del Hijo. Nos unimos hoy a este coloquio, meditando el misterio de la Encarnación en la plegaria del Ángelus.

Autor: Papa Juan Pablo II


 


7.- CORAZÓN DE JESÚS, LLENO DE BONDAD Y DE AMOR

 Sagrado Corazòn de Jesùs

7.- Corazón de Jesús, Lleno de Bondad y de Amor

21 de julio, 1985


Deseamos, en nuestra plegaria del Ángelus, dirigirnos al Corazón de Cristo, siguiendo las palabras de las letanías. Deseamos hablar al Corazón del Hijo mediante el Corazón de la Madre. ¿Qué puede haber más bello que el coloquio de estos dos corazones? Queremos participar en él.

2. El Corazón de Jesús es "horno ardiente de caridad", porque el amor posee algo de la naturaleza del fuego, que arde y quema para iluminar y calentar. Al mismo tiempo, en el sacrificio del Calvario el corazón del Redentor no fue aniquilado con el fuego del sufrimiento. Aunque humanamente muerto, como constató el centurión Romano cuando traspaso el costado de Cristo con la lanza, en la economía divina de la salvación este Corazón quedó vivo, como manifestó la Resurrección.

3. He aquí que el Corazón vivo del Redentor resucitado y glorificado, lleno de bondad y de amor": infinita y sobreabundantemente lleno. El rebosar del corazón humano alcanza en Cristo la medida divina. Así fue este Corazón ya durante los días de la vida terrena. Lo testimonia cuanto está narrado en el Evangelio. La plenitud del amor se manifiesta a través de la bondad: a través de la bondad irradiaba y se difundía sobre todos, en primer lugar sobre los que sufren y los pobres. Sobre todos según sus necesidades y expectativas más verdaderas. Así es el Corazón humano del Hijo de Dios, incluso después de la experiencia de la cruz y del sacrificio. Mejor dicho, todavía más: rebosante de amor y de bondad.

4. En el momento de la Anunciación comenzó el coloquio del Corazón de la Madre con el Corazón del Hijo. Nos unimos hoy a este coloquio, meditando el misterio de la Encarnación en la plegaria del Ángelus.

Autor: Papa Juan Pablo II
 

6.- CORAZÓN DE JESÚS, HORNO ARDIENTE DE CARIDAD

 Sagrado Corazòn de Jesùs

6.- Corazón de Jesús, Horno Ardiente de Caridad

23 de junio, 1985


Durante la oración del Ángelus deseamos dirigir, juntamente con la Madre de Dios, nuestros corazones hacia el Corazón de su Hijo Divino. Nos hablan profundamente las invocaciones de estas espléndidas letanías, que rezamos o cantamos sobre todo en el mes de junio. Que la Madre nos ayude a entender mejor los misterios del Corazón de su Hijo.

2. "Horno de caridad" El horno arde. Al arder, quema todo lo material, sea leña u otra sustancia fácilmente combustible. El Corazón de Jesús, el Corazón humano de Jesús, quema con el amor que lo colma. Y este es el amor al Eterno Padre y el amor a los hombres; a las hijas y los hijos adoptivos. El horno, quemando, poco a poco se apaga. El Corazón de Jesús, en cambio, es horno inextinguible. En esto se parece a la "zarza ardiente" del libro del Éxodo, en la que Dios se reveló a Moisés. Era una zarza que ardía con el fuego, pero... no se "consumía" (Ex 3,2).

Efectivamente, el amor que arde en el Corazón de Jesús es sobre todo el Espíritu Santo, en el que Dios-Hijo se une eternamente al Padre. El Corazón de Jesús, el Corazón humano del Dios-Hombre, está abrazado por la "llama viva" del Amor Trinitario, que jamás se extingue.

3. Corazón de Jesús, Horno Ardiente de Caridad. El horno, mientras arde, ilumina las tinieblas de la noche y calienta los cuerpos de los viandantes ateridos. Hoy queremos rogar a la Madre del Verbo Eterno, para que en el horizonte de la vida de cada uno de nosotros no cese nunca de arder el Corazón de Jesús, "horno ardiente de caridad." Para que El nos revele el Amor que no se extingue ni se deteriora jamás, el Amor que es eterno. Para que ilumine las tinieblas de la noche terrena y caliente los corazones.

4. Dándole las gracias por el único amor capaz de transformar el mundo y la vida humana, nos dirigimos con la Virgen Inmaculada, en el momento de la Anunciación, al Corazón Divino que no cesa de ser "horno ardiente de caridad". Ardiente: como la "zarza" que Moisés vio al pie del monte Horeb.


Autor: Papa Juan Pablo II


5- CORAZÓN DE JESÚS, TEMPLO SANTO DE DIOS

 Sagrado Corazòn de Jesùs

5.- Corazón de Jesús, Templo Santo de Dios

9 de junio, 1985


1. A la hora de la común oración del Ángelus, nos dirigimos, juntamente con María - por medio de su Corazón Inmaculado - al Corazón Divino de su Hijo.

¡Corazón de Jesús - Templo santo de Dios!

¡Corazón de Jesús - Tabernáculo del Altísimo!

Corazón de un Hombre semejante a tantos otros corazones humanos y, a la vez, Corazón de Dios-Hijo. Por tanto, sí es verdad que cada uno de los hombres 'habita"- de algún modo, en su corazón, entonces, en el Corazón del Hombre de Nazaret, de Jesucristo, habita Dios. Es "templo de Dios" por ser Corazón de este hombre.

2. Dios-Hijo está unido con el Padre, como Verbo Eterno. "Dios de Dios, Luz de Luz... engendrado no creado". El Hijo está unido con el Padre en el Espíritu Santo, que es el "soplo" del Padre y del Hijo y es, en la Divina Trinidad, la Persona-Amor. El Corazón del Hombre Jesucristo es, pues, en el sentido trinitario, "Templo de Dios": es el templo interior del Hijo que está unido con el Padre en el Espíritu Santo mediante la unidad de la Divinidad. ¡Qué inescrutable permanece el misterio de este Corazón, que es "Templo de Dios" y "Tabernáculo del Altísimo".

3. Al mismo tiempo, es la verdadera "morada de Dios con los hombres" (Ap 21,3), porque el Corazón de Jesús, en su templo interior abrazo a todos los hombres. Todos habitan allí, abrazados por el eterno amor. A todos pueden dirigirse - en el Corazón de Jesús - las palabras del Profeta:

"Con amor eterno te amé, por eso prolongué mi misericordia" (Jer 31,3).

4. Que esta fuerza del eterno amor que está en el Corazón Divino de Jesús, se comunique hoy de modo particular a los jóvenes que reciben la confirmación. En ellos debe habitar de modo particular el Espíritu Santo. Que se conviertan, pues, también sus corazones a semejanza de Cristo - en "templo santo de Dios" y "tabernáculo del Altísimo". Con frecuencia he oído cantar a los jóvenes: "¿Vosotros sabéis que sois un templo?" Sí, somos templo de Dios y el Espíritu Santo habita en nosotros, según las palabras de San Pablo (cf. 1 Cor 3,16).

5. Por medio del Corazón Inmaculado de María permanezcamos en la Alianza con el Corazón de Jesús que es "Templo de Dios" el más espléndido "Tabernáculo del Altísimo", el más perfecto.

Autor: Papa Juan Pablo II


4.- CORAZÓN DE JESÚS DE MAGESTAD INFINITA

 Sagrado Corazòn de Jesùs

4.- Corazón de Jesús, de Majestad Infinita

16 de junio, 1985

1. Por medio del Corazón Inmaculado de María queremos dirigirnos al Corazón Divino de su Hijo, al Corazón de Jesús, de Majestad infinita.

Mirad: la infinita Majestad de Dios se oculta en el Corazón humano del Hijo de María. Este Corazón es nuestra Alianza. Este Corazón es la máxima cercanía de Dios con relación a los corazones humanos y a la historia humana. Este Corazón es la maravillosa "condescendencia" de Dios: el Corazón humano que late con la vida divina: la vida divina que late en el corazón humano.

2. En la Santísima Eucaristía descubrimos con el "sentido de la fe" el mismo Corazón, -el Corazón de Majestad infinita- que continúa latiendo con el amor humano de Cristo, Dios-Hombre.

¡Cuán profundamente sintió este amor el Santo Papa Pío X! Cuánto deseó que todos los cristianos, desde los años de la infancia, se acercasen a la Eucaristía, recibiendo la santa comunión: para que se unieran a este Corazón que es, al mismo tiempo, para cada uno de los hombres "Casa de Dios y Puerta del Cielo".

"Casa" ya que, mediante la comunión Eucarística el Corazón de Jesús extiende su morada a cada uno de los corazones humanos.

"Puerta" porque en cada uno de estos corazones humanos, El abre la perspectiva de la eterna unión con la Santísima Trinidad.

3. ¡Madre de Dios! Mientras meditamos el misterio de tu Anunciación, nos acercamos a este Corazón Divino, el Corazón de Majestad infinita, Casa de Dios y Puerta del cielo; a este Corazón que, desde el momento de la Anunciación del Ángel, comenzó a latir junto a tu Corazón virginal y materno.

Autor: Papa Juan Pablo II
 

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