miércoles, 10 de mayo de 2017

EL ANCLA DE LA ESPERANZA


El ancla de la esperanza



1)  Para saber
En este tiempo pascual nuestra esperanza se ve fortalecida con la certeza de la victoria de Cristo sobre la muerte y el mal. El Papa Francisco comparó esa esperanza cristiana con un ancla fija en el cielo: “Solo tenemos que amarrarnos al cabo y seguir siempre adelante, porque estamos seguros de que nuestra vida es como un ancla que está en el cielo, fija en el lugar adonde llegaremos”.
El Santo Padre aseguró que el ancla es uno de los símbolos cristianos que más le gustan: “No es coincidencia que entre los símbolos de la esperanza cristiana esté el ancla. Expresa que nuestra esperanza no es vaga, que no se puede confundir con el sentimiento mutable de quien quiere mejorar las cosas de este mundo de manera fantasiosa, bastándose únicamente de su propia fuerza de voluntad”.


2) Para pensar
A continuación unas palabras que un joven español en 2003 envió a san Juan Pablo II y que sirven para no perder la esperanza.
Querido Santo Padre:
Me llamo Guillermo Blasco. Tengo 19 años, pertenezco a una familia de seis hijos y estudio arquitectura técnica. Nací el día de la Inmaculada y la Virgen me ha llevado siempre bajo su manto. Mis padres me han educado en la fe.
El 15 de agosto de 1998, día de la Asunción, murió mi hermano Fernando en Irlanda en un atentado terrorista. Tenía 12 años. Este hecho marcó mi vida de adolescente. Esa misma noche, llamé a todos los hospitales de Irlanda. Al día siguiente, se confirmó la terrible noticia e, inmediatamente, fui a Misa con mi padre.
Entre la perplejidad y el miedo, una pequeña luz se encendió: Cuando mis padres perdonaron a los asesinos de mi hermano, su testimonio se grabó a fuego en mi corazón. Desde entonces tengo la convicción de que la Virgen ha intercedido por mi familia.
La muerte de mi hermano supuso un gran cambio, mi familia se unió como una piña, y gracias al ejemplo de mi madre, comencé a ir a Misa todos los días y comulgar. Descubrí que Jesús es el mejor amigo.
Fueron tiempos duros, pero la comunión diaria, y el testimonio cristiano de mis padres mantuvieron a flote mi esperanza. Intento ofrecer cada cosa que hago: cada entrenamiento, cada lámina que dibujo…
Invito a los jóvenes, a compartir el amor de María, de Cristo, el Amigo fiel que nunca permite que nos sintamos solos, que sólo nos pide que le dejemos llenar nuestro corazón de su amor.
Gracias Santo Padre, gracias Amigo, por enseñarnos que María es el camino más corto para llegar a Cristo.
Guillermo Blasco


3) Para vivir
La esperanza cristiana encuentra sus raíces no en el atractivo del futuro, sino en la seguridad de que Él nos ha garantizado que no nos abandonará nunca, ¿por qué habríamos entonces de tener temor? Con esta promesa, los cristianos pueden caminar por todas partes, afirmó el Papa Francisco.
Nuestro Dios no es un Dios sentado, secuestrado en un cielo lejano. Es un Dios apasionado del hombre. Si nuestro corazón se enfría, el suyo permanece incandescente. Nos acompaña siempre, incluso aunque nos olvidemos de Él. Y no solo nos espera al final de nuestro largo viaje, sino que nos acompaña en cada jornada… ¿Y por qué hace eso? Simplemente porque nos ama. Dios no nos abandonará en el tiempo de la prueba y de la oscuridad, concluyó el Papa.



Pbro. José Martínez Colín

PAPA FRANCISCO EXPLICA LA CLAVE PARA LLEVAR UNA AUTÉNTICA VIDA CRISTIANA


El Papa Francisco explica la clave para llevar una auténtica vida cristiana
Por Miguel Pérez Pichel
 Foto: L'Osservatore Romano






VATICANO, 09 May. 17 / 05:01 am (ACI).- En la Misa matutina de este martes celebrada en la Casa Santa Marta, en el Vaticano, el Papa Francisco pidió a los presentes recibir “con docilidad” al Espíritu Santo, a “no oponerle resistencia” para así llevar una auténtica vida cristiana.

Si en los días pasados, el Papa comentó las lecturas que hacían referencia a la resistencia al Espíritu Santo, en esta ocasión habló de lo contrario, de la “docilidad al Espíritu Santo”. Francisco explicó que tras la muerte de San Esteban se desató una gran persecución contra los cristianos en Jerusalén.


Entonces, los discípulos laicos se dispersaron por distintos lugares y comenzaron a anunciar el Evangelio “a los paganos” dejándose llevar por lo que el Espíritu les sugería: “eran dóciles”, observó el Pontífice.

También citó la Carta del Apóstol Santiago para resaltar cómo enfatizaba a “acoger con docilidad la Palabra”. Para conseguirlo, es necesario “permanecer abiertos, sin rigideces” para “conocer a Jesús”.

En este sentido, alentó a familiarizarse con el Evangelio: “Llevar siempre con nosotros la Palabra, leerla, abrir el corazón a ella, abrir el corazón al Espíritu que es aquel que nos hace entenderla”.

“El fruto de este recibir y conocer la Palabra, de llevarla con nosotros, de esta familiaridad con la Palabra, es un fruto grande. La actitud de una persona que hace esto es bondad, alegría, paz, perdón, perdón de uno mismo, ternura”.

Para el Papa Francisco, en eso consiste la docilidad al Espíritu Santo. “Debo recibir el Espíritu que me lleva a la Palabra con docilidad, y esta docilidad, no poner resistencia al Espíritu, me llevará a un estilo de vida, a un determinado modo de actuar”.

“Recibir con docilidad, la Palabra, conocer la Palabra y pedir al Espíritu la gracia de hacerla conocer y después ofrecer el espacio necesario para que germine y crezca en aquellas actitudes de bondad, ternura, generosidad, paz, caridad y perdón: todo eso es lo que caracteriza el estilo cristiano” de vida.

El Obispo de Roma finalizó la homilía insistiendo en la idea de que hay que mostrarse dóciles al Espíritu para que realmente pueda actuar en las almas de los hombres: “Es el espíritu el que nos guía para que no erremos. Debemos acogerle con docilidad, conocer el Espíritu en la Palabra y vivir según el Espíritu”.

Esta actitud “es la contraria a la resistencia que Esteban echa en cara a los jefes, a los doctores de la Ley: ‘Vosotros siempre os habéis resistido al Espíritu Santo’. ¿Nos resistimos también nosotros al Espíritu? ¿O lo acogemos? Con docilidad: esta es la palabra de Santiago. ‘Acogerlo con docilidad’. Resistencia contra docilidad. Pidamos esa gracia”, concluyó Francisco.

Lectura comentada por el Papa Francisco:

Juan 10:22-30

22 Se celebró por entonces en Jerusalén la fiesta de la Dedicación. Era invierno.

23 Jesús se paseaba por el Templo, en el pórtico de Salomón.

24 Le rodearon los judíos, y le decían: «¿Hasta cuándo vas tenernos en vilo? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente.»

25 Jesús les respondió: «Ya os lo he dicho, pero no me creéis. Las obras que hago en nombre de mi Padre son las que dan testimonio de mí;

26 pero vosotros no creéis porque no sois de mis ovejas.

27 Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas mi siguen.

28 Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano.

29 El Padre, que me las ha dado, es más grande que todos, y nadie puede arrebatar nada de la mano del Padre.

30 Yo y el Padre somos uno.»

EL EVANGELIO DE HOY MIÉRCOLES 10 DE MAYO DEL 2017


Solo para salvarte vine al mundo
San Juan 12, 44-50. IV Miércoles de Pascua.



Por: H. Iván Yoed González Aréchiga LC | Fuente: www.missionkits.org 





En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Quiero siempre serte fiel, Señor. ¿Por qué me alejo de Ti en tantas ocasiones cuando mi deseo no es sino amarte? Soy débil y Tú misericordioso. ¿Me alejé de Ti otra vez? Heme aquí. Para estar contigo, heme aquí.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)


Del santo Evangelio según san Juan 12, 44-50
En aquel tiempo, exclamó Jesús con fuerte voz: "El que cree en mí, no cree en mí, sino en aquél que me ha enviado; el que me ve a mí, ve aquél que me ha enviado. Yo he venido al mundo como luz, para que todo el que crea en mí no siga en tinieblas.
Si alguno oye mis palabras y no las pone en práctica, yo no lo voy a condenar; porque no he venido al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo.
El que me rechaza y no acepta mis palabras, tiene ya quien lo condene: las palabras que yo he hablado lo condenarán en el último día. Porque yo no he hablado por mi cuenta, sino que mi Padre, que me envió, me ha mandado lo que tengo que decir y hablar. Y yo sé que su mandamiento es vida eterna. Así, pues, lo que hablo, lo digo como el Padre me lo ha dicho".
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
¿Cuál es el sentido de mi fe?, ¿cuál es el sentido de ser cristiano?, ¿es tan sólo una forma de vivir, Señor?  ¿Qué viniste a darme?, ¿qué trajiste que no pudiese yo encontrar por mis propias fuerzas?, ¿qué trajiste de nuevo? ¿O debería  preguntarte qué viniste a hacer nuevo?
Tantas preguntas surgen en mi corazón, y tantas veces no logro convertirlas en palabras. Como estas preguntas, tantas otras más andan por allí en mi corazón, sin saber ser dichas por mi boca. ¡Cómo quisiera exponértelas todas, Señor! Sí, soy un cristiano con tantos deseos en su interior, con sus crisis, con sus ilusiones, y que camina tantas veces a tientas en los caminos que Tú le muestras.
A veces puedo llegar a sentirme solo, sola, en medio de tantos problemas en el mundo, en donde quizá muchos me reclaman, casi como si fuese yo el culpable, qué es lo que vino Cristo a traer a este mundo.
Hoy me has respondido una vez más. Pero es una respuesta que no aclara todos los misterios. Tantas veces he escuchado que Tú eres un caballero y que jamás te entrometerás en mi corazón. Viniste a abrirme las puertas del cielo, el acceso a la presencia de tu Padre, pero el andar corresponde a mis pies.
Si alguna vez el hombre dudó de su propia salvación, de su permanecer en la eternidad, de trascender a la eterna felicidad; si alguna vez el hombre dudó si viviría después de la muerte; si alguna vez el hombre deseó encontrar un verdadero puente hacia la luz sin fin; finalmente la respuesta llegó: Tú.
Pero viniste a los hombres para llevártelos como hombres; viniste y me abriste las puertas de tu presencia, pero no me quitaste la libertad; me conservaste la capacidad de amar. No viniste a deshacer al hombre de lo que es sino a renovarlo y elevarlo, enseñándolo a donarse plenamente –y siempre libre.
Ese venir no fue tan sólo para pronunciar discursos, transmitir ideologías. Para compartir ideas no habría sido necesario hacerte carne. Viniste a encontrarte conmigo y por ello te hiciste semejante a mí hasta en lo más profundo de mi ser. Puedo afirmar con gratitud, y sólo gratitud, que mi vocación como cristiano no es una forma más de vida, sino el fruto del encuentro con el mismo Dios.
"Dios no nos clava a nuestro pecado, no nos identifica con el mal que hemos cometido. Tenemos un nombre y Dios no identifica este nombre con el pecado que hemos cometido. Nos quiere liberar y quiere que también nosotros lo queramos con Él. Quiere que nuestra libertad se convierta del mal al bien, y esto es posible -¡es posible!- con su gracia.

Que la Virgen María nos ayude a confiarnos completamente a la misericordia de Dios, para convertirnos en criaturas nuevas."
(Ángelus de S.S. Francisco, 13 de marzo de 2016).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
¿Qué tanto dirijo mi vida según mi vocación de cristiano? ¿Hay algo que pueda hacer para poder amar más libremente?
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.

Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!

¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.

Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Amén.

LOS CINCO MINUTOS DE MARÍA, 10 DE MAYO


Los cinco minutos de María
Mayo 10



María dijo “sí” al enviado de Dios y asumió una vida pobre y humilde, llena de privaciones, y todo el dolor que significaría ser la Madre del Crucificado.

María percibió por la fe que, siendo Madre de Jesús, era la Madre del Mesías, siervo sufriente de su pueblo, con todo lo que eso suponía de dolor, humillación y muerte.

Por la fe, nosotros aceptamos a Cristo, pero debemos cobrar conciencia de que Cristo supone para nosotros sacrificios personales muy dolorosos, negaciones de nuestros gustos y conveniencias, humillaciones muy sentidas, muerte y renuncia a todo lo que no sea Dios.

Si nos abrazamos con Cristo, abracémonos con la cruz de Cristo.
Madre, que eres la omnipotencia suplicante, ruega por nosotros al Padre.



* P. Alfonso Milagro

FELIZ MIÉRCOLES!!!



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