martes, 14 de marzo de 2017

VIVIR COMO CRISTO NOS HA ENSEÑADO


Vivir como Cristo nos ha enseñado
Ser coherentes con lo que pensamos, decimos y actuamos, por amor a Cristo.


Por: P. Cipriano Sánchez LC | Fuente: Catholic.net 




Constantemente, Jesucristo nuestro Señor, empuja nuestras vidas y nos invita de una forma muy insistente a la coherencia entre nuestras obras y nuestros pensamientos; a la coherencia entre nuestro interior y nuestro exterior. Constantemente nos inquieta para que surja en nosotros la pregunta sobre si estamos viviendo congruentemente lo que Él nos ha enseñado.

Jesucristo sabe que las mayores insatisfacciones de nuestra vida acaban naciendo de nuestras incoherencias, de nuestras incongruencias. Por eso Jesucristo, cuando hablaba a la gente que vivía con Él, les decía que hicieran lo que los fariseos les decían, pero que no imitaran sus obras. Es decir, que no vivieran con una ruptura entre lo que era su fe, lo que eran sus pensamientos y las obras que realizaban; que hicieran siempre el esfuerzo por unificar, por integrar lo que tenían en su corazón con lo que llevaban a cabo.

Esto es una de las grandes ilusiones de las personas, porque yo creo que no hay nadie en el mundo que quisiera vivir con incongruencia interior, con fractura interior. Sin embargo, a la hora de la hora, cuando empezamos a comparar nuestra vida con lo que sentimos por dentro, acabamos por quedarnos, a lo mejor, hasta desilusionados de nosotros mismos. Entonces, el camino de Cuaresma se convierte en un camino de recomposición de fracturas, de integración de nuestra personalidad, de modo que todo lo que nosotros hagamos y vivamos esté perfectamente dentro de lo que Jesucristo nos va pidiendo, aun cuando lo que nos pida pueda parecernos contradictorio, opuesto a nuestros intereses personales.

Jesús nos dice: “El que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido”. ¡Qué curioso, porque esto parecería ser la contraposición a lo que nosotros generalmente tendemos, a lo que estamos acostumbrados a ver! Los hombres que quieren sobresalir ante los demás, tienen que hacerse buena propaganda, tienen que ponerse bien delante de todos para ser enaltecidos. Por el contrario, el que se esfuerza por hacerse chiquito, acaba siendo pisado por todos los demás. ¿Cómo es posible, entonces, que Jesucristo nos diga esto? Jesucristo nos dice esto porque busca dar primacía a lo que realmente vale, y no le importa dejar en segundo lugar lo que vale menos. Jesucristo busca dar primacía al hecho de que el hombre tiene que poner en primer lugar en su corazón a Dios nuestro Señor, y no alguna otra cosa. Cuando Jesús nos dice que a nadie llamemos ni guía, ni padre, ni maestro, en el fondo, a lo que se refiere es a que aprendamos a poner sólo a Cristo como primer lugar en nuestro corazón. Sólo a Cristo como el que va marcando auténticamente las prioridades de nuestra existencia.

Cristo es consciente de que si nosotros no somos capaces de hacer esto y vamos poniendo otras prioridades, sean circunstancias, sean cosas o sean personas, al final lo que nos acaba pasando es que nos contradecimos a nosotros mismos y aparece en nuestro interior la amargura.

Éste es un criterio que todos nosotros tenemos que aprender a purificar, es un criterio que todos tenemos que aprender a exigir en nuestro interior una y otra vez, porque habitualmente, cuando juzgamos las situaciones, cuando vemos lo que nos rodea, cuando juzgamos a las personas, podemos asignarles lugares que no les corresponden en nuestro corazón. El primer lugar sólo pertenece a Dios nuestro Señor. Podemos olvidar que el primer escalón de toda la vida sólo pertenece a Dios. Esto es lo que Dios nuestro Señor reclama, y lo reclama una y otra vez.

Cuando el profeta Isaías, en nombre de Dios, pide a los príncipes de la tierra que dejen de hacer el mal, podría parecer que simplemente les está llamando a que efectúen una auténtica justicia social: “Dejen de hacer el mal, aparten de mi vista sus malas acciones, busquen la justicia, auxilien al oprimido, defiendan los derechos del huérfano y la causa de la viuda”. ¿Somos conscientes de que lo que verdaderamente Dios nos está pidiendo es que todos los hombres de la tierra seamos capaces de poner en primer lugar a Dios nuestro Señor y después todo lo demás, en el orden que tengan que venir según la vocación y el estado al cual hemos sido llamados?
Si cometemos esa primera injusticia, si a Dios no le damos el primer lugar de nuestra vida, estamos llenando de injusticia también los restantes estados. Estamos cometiendo una injusticia con todo lo que viene detrás. Estaremos cometiendo una injusticia con la familia, con la sociedad , con todos los que nos rodean y con nosotros mismos.

¿No nos pasará, muchas veces, que el deterioro de nuestras relaciones humanas nace de que en nosotros existe la primera injusticia, que es la injusticia con Dios nuestro Señor? ¿No nos podrá pasar que estemos buscando arreglar las cosas con los hombres y nos estemos olvidando de arreglarlas con Dios? A lo mejor, el lugar que Dios ocupa en nuestra vida, no es el lugar que le corresponde en justicia.

¿Cómo queremos ser justos con las criaturas —que son deficientes, que tienen miserias, que tienen caídas, que tienen problemas—, si no somos capaces de ser justos con el Creador, que es el único que no tiene ninguna deficiencia, que es el único capaz de llenar plenamente el corazón humano?

Claro que esto requiere que nuestra mente y nuestra inteligencia estén constantemente en purificación, para discernir con exactitud quién es el primero en nuestra vida; para que nuestra inteligencia y nuestra mente, purificadas a través del examen de conciencia, sean capaces de atreverse a llamar por su nombre lo que ocupa un espacio que no debe ocupar y colocarlo en su lugar.

Si lográramos esta purificación de nuestra inteligencia y de nuestra mente, qué distintas serían nuestras relaciones con las personas, porque entonces les daríamos su auténtico lugar, les daríamos el lugar que en justicia les corresponde y nos daríamos a nosotros también el lugar que nos corresponde en justicia.

Hagamos de la Cuaresma un camino en el cual vamos limando y purificando constantemente, en esa penitencia de la mente, nuestras vidas: lo que nosotros pensamos, nuestras intenciones, lo que nosotros buscamos. Porque entonces, como dice el profeta Isaías: “[Todo aquello] que es rojo como la sangre, podrá quedar blanco como la nieve. [Todo aquello] que es encendido como la púrpura, podrá quedar como blanca lana. Si somos dóciles y obedecemos, comeremos de los frutos de la tierra”.

Si nosotros somos capaces de discernir nuestro corazón, de purificar nuestra inteligencia, de ser justos en todos los ámbitos de nuestra existencia, tendremos fruto. “Pero si se obstinan en la rebeldía la espada los devorará”. Es decir, la enemistad, el odio, el rencor, el vivir sin justicia auténtica, nos acabará devorando a nosotros mismos, perjudicándonos a nosotros mismos.

Jesucristo sigue insistiendo en que seamos capaces de ser congruentes con lo que somos; congruentes con lo que Dios es para nosotros y congruentes con lo que los demás son para con nosotros. En esa justicia, en la que tenemos que vivir, es donde está la realización perfecta de nuestra existencia, es donde se encuentra el auténtico camino de nuestra realización.

Pidámosle al Señor, como una auténtica gracia de la Cuaresma, el vivir de acuerdo a la justicia: con Dios, con los demás y con nosotros mismos.

BALANCE DE 4 AÑOS DE PONTIFICADO DEL PAPA FRANCISCO


El balance del Secretario de Estado Vaticano de 4 años de pontificado del Papa Francisco
Por Álvaro de Juana
/ Foto: Lucía Ballester (ACI Prensa)





VATICANO, 13 Mar. 17 / 11:01 am (ACI).- El Secretario de Estado Vaticano, Cardenal Pietro Parolin, ha hecho en Radio Vaticano un balance de los cuatro años de pontificado del Papa Francisco al cumplirse este lunes 13 de marzo 4 años de su elección a la Sede de Pedro.

Sobre la “Iglesia en salida” que tanto desea Francisco, el Cardenal asegura que “es un camino largo, progresivo, un camino que, podríamos decir, ha tenido su inicio con el Concilio Vaticano II, el cual el Papa Francisco quiere ser quien lo continúe en su aplicación en la vida de la Iglesia”.

Sobre la insistencia del Pontífice en la misericordia, el Cardenal Parolin señala que “no es tanto un gusto personal del Papa como el centrar la atención sobre el misterio fundamental que es el del amor de Dios”.

“La historia de la salvación no es otra que la historia de la revelación del amor, de la misericordia y de la ternura de Dios frente a la humanidad. Y el Papa nos ha vuelto a llamar a este centro, a esta fuente”.

“El Año de la Misericordia ha sido un ofrecimiento que el Papa ha hecho a la Iglesia para que sea este instrumento de misericordia. Justamente, como él ha dicho, se cierra la Puerta Santa, pero la puerta de la misericordia permanece siempre abierta”.

El Cardenal Parolin señala además que los frutos han sido numerosos. “Muchos cristianos, muchos bautizados, han redescubierto la confesión como sacramento de la misericordia de Dios donde el Señor Jesús nos hace experimentar la misericordia del Padre, el perdón de los pecados y todo su amor hacia nosotros”.

También, prosiguió, es clara “la atención sobre las situaciones de pobreza, de indigencia. El Papa nos ha mostrado con los gestos, sobre todo, este ejercicio de la misericordia que entre otros es también una de las peticiones que nos viene hecha en Cuaresma: la conversión nace del ejercicio de las obras de la caridad fraterna”.

Por otro lado, el documento post sinodal sobre la familia “Amoris laetitia” es “un gran regalo que nos ha hecho” Francisco. “Creo que ha dado un gran impulso, está dando un gran impulso, como escucho también de muchas personas, a la pastoral familiar. Está verdaderamente produciendo frutos de renovación y de acompañamiento de las situaciones familiares, que se encuentran en fragilidad”, dijo el Cardenal.

Sobre algunas críticas hacia el documento, el Secretario de Estado recuerda que “críticas en la Iglesia las ha habido siempre. No es la primera vez que sucede. Creo que el mismo Papa nos ha dado la clave para leerlas: es decir, deben ser críticas sinceras, que quieren construir y entonces sirven para progresar, sirven también para encontrar la manera conjunta de conocer mejor la voluntad de Dios y de aplicarla”.

El Purpurado también habló de la reforma de la Curia que lleva adelante el Papa: “en la historia, el Concilio después lo ha tomado de nuevo, la Iglesia ‘semper reformanda’ (siempre renovándose). Es una dimensión fundamental de la Iglesia la de estar en proceso de reforma, de ‘conversión’, por usar el término evangélico”.

“El Papa nos lo recuerda con insistencia para que la Iglesia sea siempre ella misma, sea cada vez más auténtica, quite esas incrustaciones que se van acumulando en el camino de la historia y resplandezca de verdad como una transparencia del Evangelio”, concluye.

LOS CINCO MINUTOS DE MARÍA, 14 DE MARZO


Los cinco minutos de María
Marzo 14



Cuanto pensaba María era santo, cuanto miraba lo santificaba, cuanto tocaba lo purificaba y hacía bueno; tan santa era ella, que comunicaba santidad a todo y a todos.

Es que la santidad, si es verdadera y profunda, es también contagiosa. Por eso cuantos se acercaban a María se sentían mejores y se santificaban, amaban más a Dios y pensaban más en el cielo.

Aquí tienes un medio sumamente fácil y práctico para llegar a la santidad: piensa siempre en María, vive cerca de ella, cobijándote con confianza en su regazo maternal; obra como siempre obró María, ama lo que ella amó, vive por lo que ella vivió, sufre como ella sufrió y goza con lo que ella gozó. Que sea tu vida como un calco de la vida de María.

“Madre de América Latina, has entrado en el corazón de los fieles, vive en estos corazones” (San Juan Pablo II)


* P. Alfonso Milagro

EL EVANGELIO DE HOY MARTES 14 DE MARZO DEL 2017


Lo esencial de mi vida
San Mateo 23, 1-12, II Martes de Cuaresma


Por: H. Rubén Tornero, LC | Fuente: www.missionkits.org 



En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Jesús, te doy las gracias por todos los beneficios que me has dado, en especial, por este momento de encuentro íntimo contigo. Creo en Ti, Jesús, porque eres la Verdad misma y no me puedes engañar.
Confío en Ti porque eres la misericordia infinita que jamás se cansa de perdonarme. Espero en Ti, porque eres fiel a tus promesas y sé que de tu mano recibiré en cada momento lo que más necesito.


Te amo por ser quien eres. A Ti mi corazón, mi alma y todo mi ser desean alabarte y amarte por siempre. Gracias por todo y ayúdame a escuchar lo que Tú quieres decirme en esta oración.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 23, 1-12
En aquel tiempo, Jesús dijo a las multitudes y a sus discípulos: “En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y fariseos. Hagan, pues, todo lo que les digan, pero no imiten sus obras, porque dicen una cosa y hacen otra. Hacen fardos muy pesados y difíciles de llevar y los echan sobre las espaldas de los hombres, pero ellos ni con el dedo los quieren mover. Todo lo hacen para que los vea la gente. Ensanchan las filacterias y las franjas del manto; les agrada ocupar los primeros lugares en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; les gusta que los saluden en las plazas y que la gente los llame “maestros”.
Ustedes, en cambio, no dejen que los llamen “maestros”, porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A ningún hombre sobre la tierra lo llamen “padre”, porque el Padre de ustedes es sólo el Padre celestial. No se dejen llamar “guías”, porque el guía de ustedes es solamente Cristo. Que el mayor de entre ustedes sea su servidor, porque el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido.”
Palabra del Señor.
Medita lo que Dios te dice en el Evangelio.
Jesús, Tú veías a los fariseos. Mirabas como alargaban sus ropajes, ocupaban los puestos más relevantes en las reuniones y se atribuían cualidades que no siempre correspondían con lo que verdaderamente eran. Tú les haces ver que el camino que van siguiendo con estas actitudes es un camino para llegar a una felicidad...pero de plástico. Te das cuenta, Jesús, -y quieres que tus discípulos también lo descubran- de que la felicidad verdadera no está hecha de aplausos y reflectores, sino de amor. Los fariseos alargaban sus mantos y las filacterias buscando que los demás los tuvieran por fieles...olvidando así que tu amor, Jesús, es el único que nunca falla. Ellos buscan ocupar los primeros puestos en los banquetes... no recuerdan que Tú prometes a lo largo de toda la Escritura un lugar en tu Reino para aquellos que te aman en la humildad. Se hacen llamar maestros para sentirse importantes... olvidando que para Ti, Señor, siempre han sido importantes, pero no por lo que hacen o el lugar que ocupan, sino por lo que son: tus hijos.
Algunas veces, Jesús, a mí me pasa lo mismo y también olvido que la felicidad no consiste en lo que me ponga, ni en que los demás me tengan por importante, sino en dejarme amar y amarte cada día más. No permitas que me olvide nunca de lo verdaderamente importante en mi vida: Tú.
El pecado también tiene este efecto: nos empobrece y aísla. Es una ceguera del espíritu, que impide ver lo esencial, fijar la mirada en el amor que da la vida; y lleva poco a poco a detenerse en lo superficial, hasta hacernos insensibles ante los demás y ante el bien. Cuántas tentaciones tienen la fuerza de oscurecer la vista del corazón y volverlo miope. Qué fácil y equivocado es creer que la vida depende de lo que se posee, del éxito o la admiración que se recibe.
(Homilía de S.S. Francisco, 4 de marzo de 2016).
Diálogo con Cristo
Ésta es la parte más importante de tu oración, disponte a platicar con mucho amor con Aquel que te ama.
Propósito
Proponte uno personal. El que más amor implique en respuesta al Amado… o, si crees que es lo que Dios te pide, vive lo que se te sugiere a continuación.
Hoy voy a buscar ayudar a alguien sin que se dé cuenta y sin esperar nada a cambio.
Despedida
Te damos gracias, Señor, por todos tus beneficios, a Ti que vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

¡Cristo, Rey nuestro!
¡Venga tu Reino!

Virgen prudentísima, María, Madre de la Iglesia.
Ruega por nosotros.

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
Amén.

FELIZ MARTES!!!


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